Mayte Olmedilla: la apuesta por un teatro contemporáneo y transformador desde y para el rural

Mayte Olmedilla. 

  
Se trajo el jet lag a Tragacete. El día anterior estaba en Buenos Aires. Pero su cansancio no parecía quitarle las ganas de charlar, de opinar, de escuchar atentamente a todxs lxs que estábamos en el corrillo delante de la puerta del bar mientras nos tomábamos un café a media mañana. Todavía arrastraba en el acento un residuo porteño. Lxs demás estábamos animadxs: habíamos tenido un taller de música tradicional con Jesús Tejas y Maribel Rodríguez dentro del curso "Nuevas narrativas rurales desde las escuelas" programado dentro del Aula Rural de la UCLM. Ella acababa de llegar porque iba a participar en la mesa redonda que empezaba después.

Poco a poco, entre conversación y mesa redonda, fueron apareciendo sus datos biográficos: profesora de viola en el Conservatorio de Aranjuez, clown formada en Argentina, artista de éxito con Funamviolistas... Cuando me enteré de que vivía en Huete y de qué trataba la obra con la que está girando ahora, le pedí el teléfono, las redes sociales, una entrevista..., porque sentí que era necesario que ella estuviera aquí, en la sección de mujeres, cultura y medio rural de Escuela de Ateneas.

Y no me equivocaba. Mayte Olmedilla es de esas mujeres a las que me gusta preguntar y escuchar. Es muy honesta y también valiente. Se expone, no se muerde la lengua, no se retracta, no se guarda una parte de opinión por lo que pueda pasar, por cómo pueda sentar. Es generosa, te da detalles sobre su vida, sobre sus proyectos en gestación, se autoexamina y te deja ver -señalándolos ella misma- sus errores, sus cambios de parecer, sus emociones. Comparte y contagia su fuerza, su pasión por la cultura y el arte, su deseo voraz de comprender y transformar.  
 
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¿Cuál es tu relación con el medio rural?
  
Yo nací en Albacete, pero mis padres y mis cuatro abuelxs son de Huete. Mis padres emigraron a Albacete en ese momento en el que se entendía que, si querías hacer algo, te tenías que ir del pueblo. Allí nos sentíamos como muy fuera de todo, sin raíces, no conocíamos a nadie, no teníamos familia ni amigxs como tienes aquí, que prácticamente todo el pueblo te habla y te conoce. Mi padre estaba más mentalizado de que había que irse a trabajar, pero mi madre se quedó realmente sin su entorno, sin su lugar de referencia. Entonces nosotrxs siempre hemos vivido como una especie de emigrantes que necesitaban estar volviendo al pueblo para encontrarse con ellxs mismxs, así que veníamos todos los fines de semana, festivos y, por supuesto, todos los veranos. Todo eso, después cuando creces, te abre muchas preguntas: ¿cómo se hizo ese éxodo a las ciudades? ¿Por qué se hizo? 

Mi vínculo con el pueblo ha sido muy fuerte porque toda mi cultura, mi gastronomía, tradiciones, vínculos emocionales, tienen que ver con Huete.

¿Ha habido algún momento en el que hayas intentado distanciarte de esa cultura o en que hayas tenido una relación más conflictiva con tu pueblo? ¿Por qué razones?
 
Para mí, la mayor grieta con el pueblo ha sido encontrar referencias culturales que me hicieran poder compartir lo que me apasionaba y no sentirme un bicho raro. Yo empecé a estudiar en el Consevatorio a los diez años. Recuerdo que venía una verbena y tocaban una canción de Mago de Oz y todos mis amigxs se reían de que yo tocaba la viola. Era difícil combinar esa parte artística con los intereses que eran más habituales aquí. La gente venía a salir el fin de semana y si tú te quedabas en casa haciendo escalas, eras una loser: "pero qué haces, tía, bájate al bar que estamos aquí tomando unos botellines".
 
Pero también me pasa cuando voy a Madrid y me encuentro en medio de ambientes muy urbanitas, muy culturetas, que me pongo de los nervios. Siempre que estoy en la ciudad me falta el pueblo y, si estoy en el pueblo, echo de menos no la ciudad en sí, pero sí esa variedad y diversidad en cuanto al pensamiento. Por eso creo que somos generaciones que necesitamos ir incluyendo en la vida rural otras posibilidades culturales, filosóficas y de pensamiento, porque parece que todo esto está  alejado de los pueblos y, en realidad, no hay ninguna razón para que no se dé. En el pueblo se pueden realizar proyectos súper interesantes, está sucediendo. 
 


¿Como acabas viviendo en Huete de forma habitual?
 
En la pandemia acabé muy harta de la ciudad, me saturé mucho y llegué a un punto de bloqueo absoluto. Vi claro que tenía que venirme a Huete para repararme, para pensar, para parar. Venía de unos ciclos laborales súper agotadores con Funamviolistas y fue como que la tierra me llamó para que yo me conectara a mis raíces. Esto lo he sabido después, pero creo que es lo que pasó realmente: hubo un terremoto en mi vida por varias cuestiones emocionales, laborales y personales y lo único que quedó en pie fue Huete. Y yo vuelvo para, desde estas raíces, empezar a construir muy poco a poco otra vez.

¿Vives sola?
 
Vivo en una casa bastante grande que compartimos entre mis abuelos, que tienen 94 años, mis padres y yo. La casa la hizo mi padre cuando yo ya era mayor. Antes vivíamos en la casa de mis abuelos que era súper pequeña, sin puertas, donde prácticamente dormíamos todxs en la misma habitación. No tenía calefacción y nos teníamos que poner una bolsa de agua caliente para dormir.   Todo eso me ha conectado a una idea de comunidad donde nos refugiábamos, nos protegíamos, al calor de los cuidados de mi abuela.

Pero no solo era la casa, iba más allá: una imagen que a mí se me repite todo el tiempo es mi abuela en la acera haciendo ristras de ajos con su hermana -que vivía enfrente- y las dejaban allí días para que se secaran… En la calle teníamos una vida casi comunal: mi abuela tenía el único teléfono de la calle, a casa venía la gente todo el tiempo a llamar por teléfono o a recibir llamadas, la puerta estaba abierta. Todo ese imaginario me ha calado mucho como persona y, sobre todo, me estoy dando cuenta ahora porque, cuando eres adolescente, no eres tan consciente de todo eso que estás aprendiendo. He visto de primera mano una serie de cosas que ahora ya no existen.
 
¿Cómo es ahora un día normal para ti?
 
Es un poco un festival. Yo estoy en la planta de arriba, en una buhardilla muy chiquitita que es para mí. Me levanto e intento desayunar sola porque ahí hago mi oficina y mis cosas. Luego, una vez que bajo, ya es vida del pueblo: que si viene el cura, o viene una vecina a traernos huevos porque mi madre le dio uva hace dos semanas, o cogemos algún tomate del huerto que tenemos en la puerta... En un punto sigue siendo una vida de comunidad, que tiene que ver con hablar mucho, salir mucho a la calle. Algunos días a la semana voy a Aranjuez a dar mis clases en el Conservatorio y, cuando vuelvo, ceno con ellos, nos quedamos hablando un rato o viendo la tele o, si yo tengo algo de trabajo, siempre me gusta enseñarle a mi abuela las fotos de cuando actúo, hablar mucho con ella, intento preguntarle y me cuenta sus cosas. La relación que tengo con ella es muy fuerte. 
 
Momento de la colaboración de María en Everlasting Love
 
Tu abuela es una pieza importante en Everlasting love, tu última obra…
 
De hecho, sale en una proyección dentro del espectáculo. Es una artista, una narradora alucinante, podría haber sido actriz o dramaturga... Ha ido a verse a sí misma: ella ve que está en una pantalla, que sale hablando, que la gente se ríe muchísimo con lo que ella dice y que luego termina la función y todo el mundo va a darle la enhorabuena. Entonces, ella lo vive como una fiesta pero tampoco entiende exactamente la historia, de qué habla, sino que lo disfruta y ese es también el objetivo.
 
¿Qué temas tratas en ella?

 
Habla, sobre todo, sobre el amor propio, pero basándome en una historia que nos contaba mi abuela siempre. A ella solo la hemos escuchado cantar una canción en casa, la que estaba cantando en el río un día en que llegó un señor y le dijo: "María, deja de cantar porque tu novio se ha matado". Mi abuela tenía un novio al que adoraba; todavía habla de él como enamorada. Este chico falleció en un accidente de campo. Tiempo después su familia apañó el matrimonio con mi abuelo, no es que la obligaran a casarse pero... Mis abuelxs nunca se han querido, no se soportan, se detestan mutuamente. Mi abuela es una mujer que no ha vivido una vida sentimental digna o mínimamente humana. Yo, de adolescente, le preguntaba por qué no se separaba y me miraba como diciendo "Pero, ¿qué dice?"

Entonces yo quería investigar sobre esa historia, cómo ha sido esa vida y el tema del amor y del matrimonio para muchas mujeres rurales, para dar un salto y ver qué ha pasado en estas dos generaciones, qué cambios se han dado y si realmente hemos avanzado tanto. Porque para conocerte tú, tienes que entender también el legado que arrastras. Ese tema me obsesionaba mucho... Sin embargo, no es un espectáculo denso, es una comedia donde aparece una payasa que se va a casar, esa boda no se produce y acaba dándose cuenta de que realmente no se quiere casar. Es una práctica del amor propio, una nota mental para mí misma: ya no es necesario, ya no hace falta, estamos completas, podemos tener todo lo que queramos, no tenemos que pedir permiso, ahora lo podemos hacer, pues hagámoslo por nosotras y por las que no pudieron hacerlo, pero con conciencia de que esto estaba pasando hasta antes de ayer. Incluso en los pueblos, yo la verdad es que sigo viendo mucho a chavalas jóvenes que abandonan los estudios, se ponen a tener hijxs, el marido es agricultor y reproducen el mismo modelo de siempre. Y yo no sé si eso se está eligiendo o de alguna manera se está imponiendo. 
 
Función de Everlasting Love en el Claustro del convento de Jesús y María de Huete
 
¿Has llevado la obra por los pueblos? ¿Cómo ha sido la recepción del público?
 
Sí, la hemos llevado por varios pueblos y también la hice aquí en Huete y me encantaría decirte que alucinante, pero no. Everlasting love es un espectáculo sin palabras, musical, donde yo hablo a través de la viola, toco las copas de cristal... A mucha gente le ha gustado, pero mucha otra se queda como que no sabe cómo interpretarlo y yo creo que está muy guay que la gente se desconcierte, osea, tenemos que reivindicar el derecho a no entender lo que vemos, a ver cosas que nos resulten nuevas. Nosotrxs notamos esas tensiones. Aparte de eso, normalmente va muy bien. En Huete se agotaron las entradas y tuvimos que hacer una segunda función. Era muy emocionante ver gente que se acercaba a un espacio patrimonial -al que no suelen acudir- a ver teatro... Es un museo de arte contemporáneo y la gente del pueblo no se suele acercar a esos espacios. La pregunta sería por qué. Porque lo podemos solucionar. Yo siento que hay una parte de la población rural que no se siente merecedora de la cultura y esto es lo que tenemos que ir cambiando poco a poco. 
 
¿Por qué crees que sucede esto?
 
Porque no tienen un hábito de asistir a espectáculos culturales y, si asisten, son espectáculos con un perfil ultraconservador, ultratradicional. La gente está acostumbrada a un teatro que es muy antiguo. A mí me parece muy bien que se siga haciendo La Celestina o La casa de Bernarda Alba; pero, si solamente hacemos eso y además lo hacemos en un determinado estilo textual, explicativo y -bajo mi punto de vista- rancio, la gente se acostumbra a eso, cree que eso es el teatro y, de alguna manera, cree que lo demás no lo es. En el pueblo hay que reactualizar la idea de las artes escénicas y, si no hay nadie que lo haga o quiera hacerlo, es difícil que eso se dé solo.
 
Función de Everlasting Love en el Claustro del convento de Jesús y María de Huete

 Habría que hacer un trabajo de mediación cultural previo...
 
El tema de la cultura es muy complejo. El saber, el conocimiento, el gusto, el placer, el ocio, se tienen que ir cultivando. Los modelos sociales y culturales de las zonas rurales están muy definidos, es difícil salirte porque para eso hay que generar una alternativa real con un trabajo constante, no solamente ir a hacer la función sino trabajar con los colectivos, contar tu historia, interesarte por la historia de ellxs, tender puentes y todo eso, en general, no se hace. Lo que se está haciendo es programar funciones sueltas. El gestor (o el político, o el alcalde, o el concejal de cultura) no ve el potencial transformador que puede haber más allá de programar una función. No hay tiempo para pensar en cómo se organiza eso, cuándo se hace... El programador quiere programar espectáculos. Poco a poco tenemos que ir cambiando esto. Yo quiero hacer teatro para transformar, quiero ir a un lugar y cambiarle el estado emocional a la gente; no quiero que me aplaudan, no quiero que funcione, quiero que la gente se remueva, se emocione.

¿Has conseguido trabajar alguna vez así?
 
En la red de teatros y auditorios de CLM y los circuitos donde entramos con Everlasting Love, siempre proponemos trabajar con los colectivos de los pueblos, por ejemplo, con las bandas locales. En Higueruela (AB) fuimos a trabajar con la Banda de Música, que es un espacio importantísimo para la gente joven, donde van desarrollando un vínculo con la música y que les ofrece alternativa al bar, les da la oportunidad de viajar, es como un salvavidas. Para mí fue una de las experiencias más guais de mi vida y para ellxs también: no querían que nos fuéramos, se lo pasaron genial, trabajamos la música desde un formato escénico que a ellxs, como músicxs, les abrió un mundo totalmente diferente porque están acostumbradxs a una educación artística obsoleta y nosotras les pusimos a jugar.

¿Y con colectivos de mujeres?
 
Todavía no lo hemos hecho pero nos gustaría. Tenemos la sensación de que si abrimos el melón y empezamos a preguntarle a la gente mayor por qué se casó, cómo fue su boda, que traigan sus fotografías y que puedan contar su historia… Tal vez algunas lleven toda la vida sin preguntarse por qué debería ser importante elegir con quién pasas el resto de tu vida o cómo te relacionas en el marco de la familia, de la pareja, del hogar. 
 
 
Para terminar, me gustaría preguntarte cómo ven las mujeres de tu familia a esa mujer que tú eres.
 
Bueno, yo he sido lo que se suele decir “la oveja negra de la familia”, les he estado dando "disgustos" desde que tengo uso de razón, desde que me hice mi primer piercing. He sido siempre muy rebelde: en mi casa lo que se me pedía de alguna manera era que no hablaran de mí, que no llamase la atención y yo he tenido un comportamiento muy reactivo a esa educación basada en el miedo que viene de la guerra y la posguerra. Y, claro, he llegado yo que soy un terremoto absoluto y decido raparme el pelo, ir a colegio con botas militares color verde...  

Mi madre siempre me ha sufrido, es así: ella esperaba una hija que fuera enfermera, más tradicional, haber tenido nietxs, que me hubiera casado... Pero, a la vez, yo siento que ellxs me apoyan al cien por cien y que, además, me admiran; pero me admiran como algo que no pueden comprender del todo: por qué para mí esto es importante, por qué esto me hace feliz, por qué no hago cosas normales... Pero es normal, yo eso también lo abrazo. También creo que me ha ayudado muchísimo tener una familia que no me da palmas ni me está dando jabón en cada cosa que hago. Vienen para el estreno, me aplauden, quieren que me vaya bien, pero no me idolatran. 

Y luego mi abuela siempre me dice que valgo para todo. Yo recuerdo cuando me rapaba el pelo, mi madre enfadada en el coche todo el viaje sin hablarme, y llegábamos al pueblo y yo le preguntaba si le gustaba, me decía: "a mí me gusta si te gusta a ti". Mi abuela siempre ha tenido una capacidad enorme de aceptación del otrx, de no imponer, de aceptar todo.
 
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Si queréis programar Everlasting Love tenéis que saber que este espectáculo está seleccionado por la Red de Artes Escénicas y Música de CLM. Y que se puede adaptar a cualquiera de sus tres formatos: sala/calle, sinfónico o didáctico para público infantil/juvenil. Os dejo el contacto aquí.

Y si queréis verlo, no lo dudéis: pedidlo, sugeridlo, reclamadlo en vuestros pueblos o ciudades. A la alcaldesa, a la concejala de cultura, a la gestora cultural, a la asociación de mujeres, al Instituto de la Mujer, a quien corresponda. Mientras tanto, podéis seguirla en redes.

 
*Todas las fotos han sido cedidas por Mayte Olmedilla
 

Artículo financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha 2022.




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