Elena Manjavacas: una astrónoma manchega en la NASA

Elena Manjavacas en su pueblo, Mota del Cuervo (Cuenca)

¿Alguna vez te has fijado bien en las estrellas una noche de verano? Esa paz. Esa inmensidad. Esa incógnita tan lejana…Elena no podía parar de hacerse preguntas sobre ese manto de estrellas, que como bien decía su maestro, no eran más que soles como el nuestro pero que estaban “un poco más lejos”. Pero, ¿cómo podían estar ahí? ¿Cómo de lejos estaban realmente? ¿Cómo podemos saber más cosas sobre las estrellas que nos rodean? En aquel momento nadie daba respuesta a tanta curiosidad y tantas dudas. Hoy, Elena Manjavacas tiene respuestas para todas esas preguntas y, lo mejor de todo, es que sigue teniendo muchas más preguntas que dan sentido a su trabajo.

Elena, ¿cómo fue tu vida en el pueblo? ¿Qué cosas buenas destacas y qué dificultades o cosas había que no llevaras tan bien?

En los 90, internet y los ordenadores empezaban a hacer su recorrido pero, claramente, al pueblo no estaban ni cerca de ir llegando. Recuerdo que mi tío que trabajaba en Madrid me acercaba un poco a esa nueva realidad, incluso me buscaba cosas en internet y me regaló mi primer telescopio. Yo, en ese momento, no me daba cuenta porque era un poco lo que había; pero, cuando echas la vista atrás, al llegar a Madrid a estudiar, compruebas que la gente de tu alrededor ha ido a Inglés, estudiaba música, tenía piscina todo el año… Al final, vivir en un pueblo pequeño es muy limitante en algunos sentidos: oportunidades, ocio, deportes…

Pero estamos hablando de una infancia de hace 25-30 años. Creo que ahora mismo –por lo menos en mi pueblo– las cosas son muy distintas en general y la variedad de opciones ha aumentado de forma considerable. 

¿Cómo descubre una niña de pueblo que quiere ser astrónoma?

Para mí, lo normal era que, cuando se hacía de noche y mirabas al cielo, veías las estrellas, aunque al llegar a Madrid comprobé que eso no era siempre así. [Risas] Yo miraba al cielo y me surgían más y más dudas. Algunas sí que me las contestaban, pero no siempre. Al final, esa curiosidad sin satisfacer hizo que tomara este camino.

¿Cómo fue recibido ese deseo en tu entorno? 

Bueno, al principio, entre miedos y dudas costó bastante. En mi familia solo hubo una tía que fue a la universidad, pero falleció cuando yo era muy pequeña y no pude tenerla como referente. En casa todo el mundo se dedica al campo y lo normal era seguir con la tradición. Además, las dudas y el desconocimiento de lo que es la Astronomía les llevaba a pensar que eso no servía para nada y que me iba a morir de hambre. "¿Por qué no haces algo que sirva? ¿Médico?" Cuando vieron que era una decisión en firme, sí que recibí el apoyo de todo el mundo a mi alrededor.

¿Qué obstáculos y dificultades has enfrentado para lograr llegar donde estás por el hecho de ser mujer, joven, rural y de familia agricultora?

 Uff…. No es que yo hubiera escuchado un “tú no puedes”, “tú no vales”; es que simplemente la educación en las casas y, en general, en la sociedad, los patrones de comportamiento que vemos en nuestras mayores son distintos a los de ellos: tareas domésticas, oficios, cuidados… Entonces, no es que a mí me vieran menos válida para esto o aquello, es que simplemente de mí se esperaban “otras” cosas. 

Una vez que en mi familia se hacen a la idea de que me voy a Madrid, vienen los obstáculos de la sociedad. Lo primero es que, sin beca, nunca hubiera podido optar a nada de lo que sí he podido gracias a la educación pública. Cuando te dan una beca tienes que “cumplir” por lo tanto, tenía la presión añadida de aprobar el alto porcentaje de asignaturas para seguir siendo becada y además sacar buenas notas, y esto en Física no es fácil. ¿Esto cómo se conseguía? Pues además de “comerme” los apuntes mañanas, tardes y noches, tenía que estudiar para adelantar en los periodos que el resto estaban de vacaciones. Eso sí, siempre después de vendimiar, cortar ajos cuando tocaba o dar clases particulares para poder ahorrar algo para la vida en Madrid y ayudar a mi familia. Es cierto que, gracias a la calidad de los maestros que tuve en mi pueblo, cuando llegué a la universidad nunca sentí una falta de nivel con respecto a personas que habían estudiado en ciudades más grandes. Donde sí noté diferencia fue en el nivel de inglés o en las actividades (música, deportes…) que habían hecho cuando eran más jóvenes mis compañeros. 

Elena Manjavacas es Doctora en Astronomía. Actualmente, trabaja en el Space Telescope Science Institute

¿Cuál es el logro del que te sientes más orgullosa? 

En realidad, habría dos que van de la mano. Uno a nivel personal como estudiante, ya que he tenido que esforzarme mucho más que otras personas para llegar donde he llegado. La gente tarda siete años y medio de media en acabar Física y yo tardé cinco, no me podía permitir estudiar de otra forma, así que tenía que darlo todo (y más). 

Mi otro logro, este como mujer en la ciencia y en el campo de la investigación, es haber llegado hasta aquí. Este es terreno de hombres y es un entorno muy competitivo. Es curioso, porque en la carrera de Físicas en la UCM había prácticamente el mismo número de mujeres y de hombres pero, poco a poco, las primeras van desapareciendo ya que tienen otras “prioridades” y de ellas se esperan otros objetivos. Y cuando hablamos de doctorados e investigación se ve muchísimo más esa diferencia. Nuestras carreras se ven puestas en un segundo plano cuando, a determinadas edades, lo que se espera de nosotras no es hacer las maletas e irnos a investigar, sino casarnos y tener familia.  Eso es difícilmente compatible con tener una carrera investigadora, ya que implica viajar mucho y cambiar de país cada dos o tres años.  

¿Cómo te ven hoy a ti tu familia, las mujeres de tu familia y tus vecinxs de Mota? 

Pues la verdad que estoy segura de que sienten mucho orgullo y admiración y más desde que empecé con el Blog. Ahora, gente como mi abuela, que no sabía muy bien qué es lo que hacía tan lejos y para qué servía mi trabajo, lo tienen mucho más claro y eso les acerca más a mí y a mi trabajo.

¿Cómo te sientes al saberte una referente para muchxs niñxs rurales? 

De nuevo siento mucho orgullo al poder ser referente en ciencia más allá del ámbito de lo rural y la agricultura. También esperanzada, ya que ahora, con más medios y oportunidades, es menos difícil a pesar de que parezca que las circunstancias ponen todo en contra.

Con lo que has aprendido de tu experiencia vital, ¿qué les dirías a las niñas de los pueblos? 

Justo este verano tuve el honor de ser pregonera en mi pueblo y hablé precisamente de esto. De la ilusión por algo, de los sueños y lo importante que es trabajar y esforzarse. Muchas veces, aunque parezca que está todo en contra o incluso tu gente más cercana te diga que eso no es para ti, si lo tienes claro ve por ello.
 

Hemos leído en tu blog recuerdos de tus veranos de infancia y nos ha gustado el hecho de que visibilices el (doble) trabajo de las mujeres agricultoras que se dedican al ajo. ¿Podrías hablarnos un poco más de las condiciones del trabajo rural femenino en La Mancha desde lo que tú conoces y has experimentado de primera mano?  

Yo siempre he visto a mi padre y al resto de hombres de la plantilla con la maquinaria  y realizando trabajos más técnicos y a las mujeres haciendo los trabajos “más bajos” y menos cualificados. Un gran número de mujeres, entre ellas mi madre, sufren lesiones en manos y brazos debido a las largas jornadas pelando ajos. Además, al llegar a casa, tenían que cuidar la casa y la familia, y aquí sí que no recibían ningún tipo de ayuda, porque se daba por hecho que era su trabajo, no te planteabas otra cosa. 

Para terminar: cuando hablamos de mujeres/hombres que han alcanzado el éxito, solemos contar sus historias como si fueran superpersonas que pueden con todo. A nosotras nos parece, sin embargo, que eso no es real, que nadie puede conseguir algo así solx, que como seres humanos necesitamos a lxs demás para todo, también para triunfar… ¿Estás de acuerdo? ¿A quién le darías las gracias por haber contribuido con su ayuda, su trabajo y su esfuerzo a que tú hayas podido llegar a ser lo que eres?

 Sobre todo y sin lugar a dudas, a los maestros y maestras de la enseñanza pública que tuve tanto en el colegio como en el instituto, que hicieron posible que llegara a lo más alto viniendo de un pequeño pueblo. También fue muy importante el apoyo que recibí en mi familia, valoro mucho el esfuerzo que han hecho siempre para facilitar, todo lo que pudieron, que yo llegara donde quería. Y también a mujeres de mi profesión que me han acompañado y me acompañan en este mundo de hombres en el que poco a poco nos vamos haciendo un merecido hueco.

 


*Todas las fotos han sido cedidas por Elena Manjavacas

 

Artículo financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha 2022.
 

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