Bewis de la Rosa: el rap rural tiene raíz conquense

Foto cedida por la artista
 

Bewis de la Rosa es el nombre artístico de Beatriz del Monte, una joven artista multidisciplinar nacida en el extrarradio de Madrid a la que hemos descubierto recientemente y que nos tiene enamoradas por la síntesis de mundos que es capaz de desplegar en sus creaciones. La danza contemporánea, el teatro físico, la performance, el hip hop, la escritura... son las múltiples caras de la investigación poliédrica en que convierte sus procesos de creación artística y las vías a través de las que expresa y colectiviza sus ideas en pos de la transformación tanto personal como social.

Del Monte es una artista de este tiempo que conjuga tradición y vanguardia, estética y ética, lo urbano y lo rural, afirmación y cuestionamiento, discurso y acción. Hace camino al andar por sendas de las periferias geográficas, filosóficas, políticas y amorosas desde las que intenta acercarse a lo profundo del ser, a lo esencial.

La hemos invitado a hablar para La Enramá por su vínculo con nuestra tierra. Beatriz siente la casa familiar en Villamayor de Santiago (Cuenca, 2.466 habitantes) su lugar de referencia en este mundo, el territorio al que más apegada se siente, a cuyo imaginario está vinculada y al que se conecta en todo lo que hace artísticamente. 

Apuestas por el imaginario manchego que nos parece que, con algunas excepciones (Almodóvar, Muchachada Nui, ahora Karmento...), no ha conseguido hacerse un hueco en el panorama artístico del Estado, a diferencia de los de otras regiones... ¿Es una cuestión de recepción o nos ha costado reivindicar nuestra raíz?

Siento que, en Castilla la Mancha, siempre hemos estado señaladxs como "lxs paletxs" y siento que nosotrxs mismxs no hemos sido capaces de reconocer la cultura rica que tenemos porque se nos ha enseñado esta cosa de mirar hacia fuera todo el rato.

Tenemos que abandonar este complejo de inferioridad que arrastramos y valorar nuestra cultura, la forma que tenemos de comunicarnos, de comer, de relacionarnos con lxs vecinxs, nuestra arquitectura, nuestro paisaje... Evitar quedarnos en la idea de que el paisaje castellano es un secarral, porque, vale, no es un bosque, pero también es precioso. Si te vas ahí, te paras y lo miras, puedes ver toda la belleza que encierra. ¿Por qué es más bonito un bosque? ¿Dónde reside la mirada de lo que es bello? Todo empieza por quedarnos a observar qué es lo bello de nuestra cultura y desde ahí poder hacerla hacia fuera, para compartirla y colectivizarla. 

Fotos del rodaje en Villamayor de Santiago.

 











 

¿En qué geografías llevas a cabo tu proyecto artístico? ¿Lo has compartido ya en tu pueblo?

Por ahora lo he llevado a pueblos del extrarradio de Madrid como Coslada, Villaverde y Fuenlabrada, también por entornos rurales de la zona de Cataluña, donde he sentido una gran acogida del proyecto gracias en gran parte al apoyo de Konvent Zero. Ha viajado por Toulouse, Galicia y está pendiente su paso por Asturias, Navarra y Málaga. En Castilla la Mancha, me parece que esta mirada más contemporánea es algo que cuesta introducir en las programaciones con apoyo de los ayuntamientos. Pero confío en las nuevas propuestas y hay proyectos en los márgenes muy interesantes en los que estoy encontrando un interés mutuo por generar espacios para este tipo de miradas.

En mi pueblo he grabado el contenido audiovisual de tres videoclips. Y ahora estoy mirando cuándo puedo hacer allí la presentación del disco a partir del 3 de marzo del 2023, que será el estreno en Madrid, cuando ya lo tenga más cerrado.  

¿Y cómo fueron los rodajes en el pueblo?

Algo que trato de hacer y de preservar es una manera de trabajar en la que los rodajes sean acontecimientos; intento que no sea solo vamos a ir a grabar, y estamos currando, sino vamos a mi pueblo, vamos a casa de mi familia, vamos a comer rico, vamos a comprar un queso del pueblo… Que además de rodar, haya también momentos para intentar disfrutar.

Sí que es verdad que el de “A sal” permitió mucho más este disfrute entre grabación y grabación que el de “Me estoy oxidando + Mal agüero” porque había que grabar muchas tomas en muy pocos días y fuimos más a piñón. Pero también hubo cosas muy bonitas como, por ejemplo, que contamos con gente del pueblo como figurantes. Hice un llamamiento con un cartel de "se buscan figurantes para videoclip en Villamayor de Santiago" y vinieron unas cinco personas porque hacía un poco de frío. Además, en medio de una escena donde iba con la bici por un camino, nos encontramos, sin esperarlo, con un señor de boina que me saludó, cuando justo cruzaba un tractor y quedó perfecto.

¿Cómo apareció el rural en tu trabajo artístico? ¿Está desde un principio o ha sido un proceso?

El rural siempre estuvo de alguna manera, aunque no tanto el rural como la raíz en sí, la tradición. Siempre me interesó mucho conocer el pasado, revisarlo desde una mirada de ahora. Esto siempre ha estado en las obras de la compañía Malditas Lagartijas, donde investigo desde 2014 con la danza, el teatro físico y la performance. En ellas tomo de inspiración mi infancia, la memoria, las conversaciones de adulta con mi abuela... Por ejemplo, tengo una obra que se llama Un huevo, cuatro sardinas, que habla sobre la historia de mi bisabuela, de la guerra y la posguerra en el contexto de Villamayor, de todo lo que mi bisabuela vivió allí. Luego está No hay jazmines sin tomates, que se centra en una tradición madrileña de la verbena de San Antonio de La Florida y desmonta los roles heteropatriarcales que fomentan las fiestas populares. 

Ahora bien, el concepto rural lo he empezado a utilizar más recientemente (2021) dentro de mi proyecto musical como Bewis de la Rosa, donde lo investigo artísticamente desde el rap. Un día en el estudio -cuando yo ya estaba haciendo canciones sin pensar en el código- me di cuenta de que había un concepto que era el ‘rap rural’ porque lo que yo escribía tenía una contextualización muy rural, porque los últimos años he estado muy vinculada vitalmente a una idea política de decrecimiento. Para mí, el progreso, como nos lo han enseñado, tiene bastantes taras y prefiero centrarme más en la idea de proceso y de volver atrás, aprender a autogestionarme, conocer cómo funciona la tierra o una huerta para poder autoabastecerme, no acumular... Me interesan los procesos de conexión con lo más primario: el alimento, dónde vivo y cómo me relaciono con mis vecinas. Todo esto que está en mi desarrollo vital también se ve reflejado en el artístico.

Entonces, puede decirse que el concepto ‘rap rural’ nació dentro del proceso creativo y, ya a partir de que me di cuenta de esto, sí que es verdad que he empezado a generar todo el imaginario de manera más consciente y más acotada. De lo que yo tenía que hablar y lo que tenía que reivindicar era mi manera de entender el mundo ahora, poner en valor el medio rural, entender el underground desde el extrarradio más periférico…


 ¿Y qué es el rap rural? ¿En qué se diferencia del rap a secas?

La idea de rap rural, para mí, está en creación, en desarrollo. Yo me lo he llevado a mi terreno, pero me gusta creer que las cosas tampoco se inventan, están ahí y las vamos cogiendo y las vamos componiendo. Vamos haciendo combinaciones de términos que ya existen para darles un nuevo significado y un sentido que necesitaba ser nombrado. 
 
Entonces, existe el concepto 'rap' que es la manera en la que yo hablo, vivo, canto, que es una manera de hacer música reivindicativa, muy autorreflexiva, social y política donde las canciones son como manifiestos en que describimos lo que queremos, lo que no, lo que nos gusta, lo que queremos poner en valor, lo que nos inspira...
 
Y luego está el concepto 'rural', que es el contexto y todo lo que ese contexto conlleva de autodeterminación, autogestión, identidad, de búsqueda, de raíz … Y luego también de reivindicación de su valor cultural, ante la mirada clasista que ha sufrido históricamente. Y es con ese contexto, con ese contenido y ese discurso con lo que yo me identifico. Para mí sería impostado hablar desde la estética underground más habitual del rap, más urbanita, porque no sería honesta. Yo canto desde el extrarradio, desde el extrarradio del extrarradio que, para mí, son las áreas rurales.

¿Quién es el público del rap rural? ¿Se entiende y se recibe bien en los entornos urbanos? ¿Llega también al público rural? 
 
Creo que está en búsqueda, se está generando ahora... El proyecto está tomando bastante fuerza y me están llamando de diferentes lugares. Y funciona en festivales entre gente joven más urbanita tanto como en entornos más rurales. Creo que, al ser algo de raíz, conecta con un público bastante amplio. Sí que creo que se contextualiza bastante en áreas rurales porque quizá lo que canto es más cercano, pero es verdad que el rural hoy está tomando mucho protagonismo en muchas cosas, porque por fin nos vamos dando cuenta de que nuestra sociedad no es sostenible y que la forma de vida rural de nuestras abuelas era mucho más ecológica. Creo que el éxodo rural de nuestras familias está sufriendo un viaje de vuelta y, al fin y al cabo, la mayor parte de nuestra generación ha tenido una fuerte vinculación con su pueblo, de donde se fueron sus abuelxs para trabajar en las fábricas. Por eso creo que las canciones conectan diferentes edades y personas, porque estamos en un momento de cambio y, al fin y al cabo, este proyecto habla de transformación.


Tu primer álbum en el que vas a desarrollar este concepto acaba de salir a la luz. ¿Por qué has elegido Amor más que nunca como título?
 
El amor y el mundo rural para mí están muy vinculados en cuanto a que creo que las relaciones amorosas que establecemos hoy están carentes de raíz, de valor, de empatía, de responsabilidad afectiva, de cuidado... Y, para mí, el poder vincularte desde la tierra a tus raíces, a los procesos y los ritmos más lentos que son necesarios para obtener los alimentos y los productos que necesitamos, también hace que eso se vea reflejado en tus relaciones amorosas (entendidas desde la relación con tu madre, tus amigas, tus parejas, tus núcleos familiares polígamos, etc.)
 
Pienso en las abuelas y todo lo que hacían, cómo tejían relaciones más profundas con todas las cosas: con la raíz, con las relaciones, con los procesos, con la costura, con el ver crecer las cosas, con lo que cuestan, y no en cuanto al dinero, sino en cuanto al tiempo, a la paciencia, al aprendizaje… Algunas cosas requieren de aprendizaje, en la sociedad de consumo parece que todo requiere de dinero y no entendemos el tiempo porque entendemos que se puede comprar, pero el tiempo es algo que no se puede comprar, que puedes llegar a comprender o no, pero si quieres entenderlo lo tienes que observar…
 
Y con el amor pasa lo mismo: queremos que sea inmediato, queremos ir y comprarlo como un brick de leche, exactamente como entendemos el consumo.

Sí, es verdad que parece que la sociedad de consumo ha colonizado todas las parcelas de nuestra vida personal: consumimos ocio, experiencias, cultura, personas… Y parece que además todo es de usar y tirar, ¿no?

Sí. El consumo es para mí una cuestión troncal dentro del proyecto, desde ese cuestionamiento. Por eso el disco físico de Amor más que nunca es un no-vinilo que se convierte en una tomatera. No quiero generar un residuo con un CD que nadie va a escuchar porque ahora todxs escuchamos música en el móvil. Así que lo que la gente va a comprar va a ser una caja que contiene un póster que recoge las letras de todas las canciones y el acceso al disco digital, junto a un no-vinilo-tomatera impreso en papel de semillas que pueden plantar y un fanzine con textos sobre el amor desde las no-monogamias. De esa forma, dentro de diez años, en lugar de un residuo en el río, habrá una tomatera en tu casa y ver ese proceso de crecimiento igual nos hace aprender algo más sobre el amor.
 
La idea es que la gente plante el disco, vea crecer una tomatera, cómo te pasan mil cosas entre medias, coja los tomates, se los coma, recoja las semillas, guarde unas pocas para luego volver a plantarlas. Es como el cierre perfecto, la mejor forma que se me ocurrió de accionar el contenido del discurso de este proyecto.

Texto escrito por Beatriz del Monte

A lo largo de toda la entrevista, nos has hablado del medio y la cultura rural como la posibilidad o la vía que tenemos como sociedad para acercarnos a una vida mejor, más sostenible y humana. Sin embargo, en este texto que aparece al final del vídeoclip de "Los labradores" también nos dices que ves que dentro de esa cultura hay cosas para revisar... ¿Qué cosas son las que cambiarías? 

Una de las cosas que zarandearía es principalmente la cuestión de la identidad de género y de la orientación sexual. Yo la veo muy atrasada en mi pueblo y creo que ya es hora de que se vaya limando, que se comprenda y que  se abra esa puerta, porque está cerrada desde hace tiempo y para mucha gente sigue cerrada en muchas familias.
 
Y luego hay una cosa que me gusta mucho que es que las tradiciones permanezcan, sólo que las tradiciones tienen que ser revisadas porque el contexto cambia y las inquietudes y las necesidades de los individuos cambian. Entonces, si la tradición no cambia, nos quedamos con un pie en el presente y otro en el pasado y no sabemos dónde estamos. Muchas tradiciones son muy heteropatriarcales, monógamas, normativas, están basadas en estructuras familiares cristianas, con mucha presencia de la Iglesia... Todo esto requiere una revisión para que podamos generar un espacio en el que siga habiendo rituales, que son muy necesarios para la construcción del pueblo y de la comunidad, pero que sea más amable para todxs dentro de una mirada mucho más amplia y diversa.

*

Bueno, no sé vosotrxs pero yo estoy deseando verla en directo y quiero verla aquí en el terruño. Así que qué os parece si vamos viendo cómo podemos organizar una minigira de conciertos/danza por la provincia, bien con nuestras propias estructuras, bien utilizando las de las instituciones públicas, pidiendo a quien corresponda en nuestros pueblos que nos la traigan. Ahí lo dejo. 

Podéis contactar con ella en Instagram y Facebook, escuchar su disco en Spotify y en su canal de Youtube.

Y si, mientras, queréis ir apoyando su proyecto y tener vuestra propia tomatera bewis, podéis comprar su disco Amor más que nunca aquí

Arriba el rap rural.


Artículo financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha 2022.






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