La querencia hay que inculcarla: Paloma Serrano y el arte de guardar la vida


Una infancia entre la cocina, las historias y el pueblo

Hay lugares a los que una pertenece incluso cuando no vive en ellos. Para Paloma Serrano, escritora albaceteña, uno de esos lugares es Bienservida, un pequeño pueblo de la Sierra de Albacete al que regresaba durante las vacaciones y los fines de semana y donde aprendió buena parte de lo que hoy reconoce en sí misma y en su escritura.

De aquella infancia conserva, sobre todo, la relación estrecha con su abuela. Sus recuerdos favoritos transcurren entre fogones ayudándola en la cocina y sentadas en la mesa camilla, escuchando historias que Paloma pedía una y otra vez que le repitiera. Antes de trasladar la vida al papel, Paloma aprendió a escucharla. Antes de escribir relatos, tuvo cerca a alguien que los contaba.

Aquella relación, extendida al resto de su familia del pueblo, fue determinante en su manera de entender los vínculos. No se trata únicamente de una memoria afectiva, sino de una forma de pertenencia que ha seguido acompañándola con los años y que ahora intenta transmitir a sus propios hijos, de cinco y siete años, que viven en Madrid, pero se sienten bienservideños. Paloma procura ir al pueblo con ellos todos los fines de semana que puede. Quiere que sus hijos crezcan con esa misma querencia, con el conocimiento de sus raíces y con la experiencia de sentirse parte de una comunidad. Recuerda una enseñanza de su abuela que resume esa voluntad: "Las cosas no se quieren porque sí, la querencia hay que inculcarla".

En su caso, esa querencia también tuvo algo de resistencia. En el pueblo, a quienes acudían solo durante las vacaciones se les llamaba forasteros, aunque fueran de allí. Paloma siempre se rebeló pacíficamente contra esa etiqueta. Mientras otros amigos y primos de su edad dejaron de ir durante una temporada o redujeron sus visitas, ella siguió regresando. Aquella cabezonería adolescente ha terminado convirtiéndose en una forma de cuidar las relaciones: hoy mantiene vínculos con personas de distintas generaciones y siente que su empeño de entonces ha tenido una recompensa.

La etiqueta de forastera, reconoce, no desaparece del todo. Pero las relaciones cambian y para que eso ocurra hay que estar presente. Para Paloma, pertenecer no consiste únicamente en decir que una es de un lugar, sino en ejercer esa pertenencia.

La familia, además, ha sido una fuente de apoyo y de transmisión cultural. Su madre, lectora incansable, fue quien terminó despertando en ella el gusto por los libros. Paloma no se considera una lectora precoz, pero recuerda que su madre siempre estaba leyendo, hasta que un día le regaló un libro y ella ya no dejó de leer.

Su abuela le ofreció otra forma de acercarse a la literatura: la oralidad, las historias contadas en casa, los recuerdos familiares y las anécdotas que después encontrarían su lugar en la escritura. Entre ambas le enseñaron dos cosas esenciales: el amor por la lectura y la posibilidad de convertir la vida en un relato.

A los ocho años, Paloma se marchó con sus padres a Puerto Rico, donde vivió hasta los dieciocho, cuando comenzó la carrera. Fue un cambio profundo, de idioma, de entorno y de costumbres, que recuerda como "Brutal. Maravilloso, pero brutal". La distancia hizo que las cartas se convirtieran en su manera de seguir presente en la vida de los suyos. Escribía todas las semanas a su abuela, a sus primos y a otros familiares, después copiaba las cartas para que cada uno recibiera la suya.

Aquella práctica infantil le enseñó a pensar qué quería contar y cómo hacerlo, a estructurar un mensaje y a reescribirlo. Vivir fuera le permitió descubrir otros mundos, pero hizo todavía más visible la importancia de los vínculos que había dejado en España. Cuando encontraba a alguien de algún lugar de Castilla-La Mancha, aunque fuera de un pueblo distinto al suyo, sentía una alegría especial, como si reconociera un pequeño reflejo de sí misma.

Con los años, Paloma ha ido reuniendo esas experiencias en una identidad que no necesita elegir entre sus lugares. Se siente en casa tanto en Madrid como en Bienservida. Y, aunque ha vivido también en São Paulo y Nueva York, hay algo de aquel pueblo de la sierra que continúa acompañándola. Sus raíces son el lugar desde el que ha aprendido a mirar el mundo.


"Ordeno los papeles, ordeno mi cabeza y ordeno mi corazón": escribir para comprenderse

La escritura llegó pronto a la vida de Paloma Serrano, aunque no lo hiciera inicialmente con la intención de convertirse en escritora. De niña, las cartas eran su manera de contar a los demás aquello que no podían ver de su vida en Puerto Rico. Escribir le permitía compartir experiencias, mantener los vínculos y construir un relato propio de lo que estaba viviendo.

Más tarde, durante sus estudios de Periodismo, encontró otro espacio para esa necesidad de expresión. En la época del auge de los blogs, ella y sus compañeros escribían, se leían y se comentaban mutuamente. Los textos circulaban entre amigos que no solo querían conocer las historias, sino también observar cómo estaban escritas, qué se decía y qué se dejaba fuera.

De aquella experiencia conserva una convicción: la escritura es una actividad solitaria, pero mejora cuando encuentra lectores capaces de ejercer una crítica sincera. No basta con que alguien diga que un texto es maravilloso por afecto, hace falta una mirada independiente, que pueda señalar los aciertos y también aquello que no funciona. Para Paloma, ese intercambio resulta enriquecedor y forma parte del aprendizaje de quien escribe.

Sin embargo, hubo una experiencia personal que dio a la escritura un significado mucho más profundo. Cuando tenía veinte años, su padre enfermó gravemente y murió poco antes de que ella cumpliera veintiuno. Entonces abrió un blog en el que comenzó a recuperar recuerdos compartidos con él. No quería limitarse a contar la enfermedad. Necesitaba reconstruir una vida, volver sobre lo vivido y encontrar una forma de conservarlo. Una forma de sentirse cerca de él y de honrar su vínculo.


La historia acabaría tomando forma en Las palabras que te guardan, la novela que más la representa hasta ahora y en la que se entrelazan el pueblo, los recuerdos familiares, la enfermedad y la muerte de su padre. Pero el camino hasta el libro fue largo: tardó diez años en ponerse a escribirlo y doce en publicarlo.

Durante ese tiempo, la necesidad de contar permaneció ahí, aunque todavía no supiera cómo ordenar todo lo que sentía. "Solo sabía que necesitaba contarlo". La escritura empezó como un desahogo íntimo en un blog y terminó convirtiéndose en un trabajo de reconstrucción. Reunir todos los recuerdos y encontrarles una estructura para  comprender la muerte de otra manera.

Insiste en aclarar que su novela no es una historia triste, sino "una celebración de la vida". La muerte está presente, pero también lo están los recuerdos que, una vez fijados en papel, son ecos de vida, una forma de revivir las hermosas experiencias del pasado. 

Paloma se define como una persona muy introvertida y reservada. Durante mucho tiempo, hablar de sus sentimientos no le resultaba sencillo. Necesitaba confianza para compartir lo que le pasaba, incluso cuando se trataba de experiencias que otras personas habían vivido con ella. La escritura le permitió encontrar otro camino: podía pensar, reflexionar y escoger las palabras antes de exponerse. Hay una diferencia importante entre lo que puede decir en una conversación y lo que es capaz de contar por escrito. A través de la escritura ha podido expresar cosas que en otro contexto no habría sabido o querido compartir. "Cuando me expreso a través de la escritura lo hago de una forma más certera", explica, me da confianza tener tiempo para reflexionar y encontrar las palabras exactas.

Esa herramienta íntima ha terminado transformando también su vida profesional. Paloma escribe todos los días, aunque solo sea una anécdota o unos versos sobre un sueño. Considera la escritura una forma cotidiana de revisar lo que sucede, lo que piensa y lo que siente. Le sirve para desahogarse y entenderse mejor. Escribir le ha dado seguridad. Hoy es profesora de literatura y escritura creativa, imparte clases y habla en público con frecuencia. Lo que antes era el mayor de los suplicios, ahora se ha convertido en algo que disfruta. Ha aprendido a trasladar a la palabra hablada la fortaleza que encontró en la palabra escrita. "La escritura me ha cambiado, me ha cambiado o me ha acompañado en el cambio que tenía que hacer", dice.

En su obra reconoce dos preocupaciones que reaparecen de una manera u otra: la muerte y el miedo al olvido. No siempre ocupan el primer plano, pero permanecen como un hilo que atraviesa sus textos. Escribir es, en parte, una forma de impedir que lo vivido desaparezca del todo. Una manera de guardar aquello que importa antes de que el tiempo lo transforme.

Esa voluntad de conservar la memoria también se extiende a la maternidad. Su poemario ¿Cómo será tu vida? reúne poemas escritos desde su primer embarazo hasta el nacimiento de su segundo hijo. Todos los poemas hablan del embarazo, los nacimientos, el posparto, las preguntas y la incertidumbre que acompañan a la crianza. El proyecto tiene, además, una dimensión familiar que lo hace especialmente significativo para Paloma: las ilustraciones las han realizado sus propios hijos, que incluso han llevado el libro al colegio y lo han presentado allí.




"Todo lo que escribo tiene el filtro de mi raíz"

Bienservida es una presencia que atraviesa su forma de escribir. En sus textos aparecen paisajes, personajes, costumbres y giros lingüísticos que nacen allí. Su escritura es, según explica, muy cercana a la autoficción y a lo autobiográfico. La vida real es la fuente de su material literario. Le interesa recoger las costumbres, las maneras de relacionarse y los detalles que conforman la vida. Lo cotidiano se convierte en materia narrativa porque contiene recuerdos, vínculos y formas de entender el mundo. El pueblo está presente en la sensibilidad desde la que observa y cuenta.

Las palabras que te guardan es quizá el ejemplo más claro. En la novela, los capítulos ambientados en el pueblo se intercalan con los viajes fuera de España, especialmente por Latinoamérica. En una misma narración conviven el paisaje rural manchego y las grandes metrópolis. En una novela cabe lo que cabe en una vida, nada está reñido. Paloma disfruta de vivir en la gran ciudad, pero también encuentra en el pueblo una forma de bienestar que no depende de la idealización de lo rural. Para ella, reivindicar el campo no exige desacreditar la ciudad. Cada lugar tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ella se siente cómoda habitando ambos sin entrar en comparaciones. Esa posición híbrida es importante para comprender su obra. 

Su relación con Castilla-La Mancha también se expresa en su voluntad de conservar espacios, impulsar iniciativas culturales y dar cabida a quienes desarrollan proyectos en la tierra. Ella y su madre son las promotoras del centro cultural La Casica de Bienservida. Se trata de la antigua casona familiar reconstruida con mucho mimo para que sea un lugar de encuentro y expresión cultural en la zona de la Sierra de Alcaraz. 

La historia de esa casa conecta directamente con la memoria de Bienservida. Durante años fue una finca de recreo conocida por sus jardines, recordados por las personas mayores del pueblo. La abuela de Paloma hablaba de ellos y de cómo recibían a los vecinos. Su bisabuela ofrecía limonada a quienes llegaban hasta allí durante sus paseos. La casa era un lugar de encuentro.

Tras la Guerra Civil, la finca cayó en desuso y quedó abandonada. La idea de recuperarla nació de un proyecto compartido entre Paloma y su padre, que querían reconstruirla y darle un nuevo sentido, sin convertirla simplemente en otra vivienda. Tras la muerte de él, su madre continuó apoyándola. La reconstrucción se prolongó durante años y la casa se inauguró en 2025. En la recuperación se han respetado, siempre que ha sido posible, los elementos originales -los suelos hidráulicos, las paredes de piedra, las vigas de madera y los muros de tapial-  

Pero conservar no significa limitarse a restaurar. Paloma y su madre quieren que La Casica vuelva a ser un espacio vivo, un lugar donde ocurran cosas y donde los vecinos puedan encontrarse sin tener que desplazarse a la ciudad para disfrutar de actividades culturales.

La Casica de Bienservida


Desde su inauguración se han organizado talleres infantiles, conciertos, encuentros gastronómicos, actividades relacionadas con la salud mental, talleres de pintura, conciertos y otras propuestas. El espacio ha acogido igualmente proyectos audiovisuales, como  Mandamientos para la buena vida, video resultado de la colaboración musical entre las folcloricas modernas Karmento y Le Parody. Así mismo el espacio está abierto a nuevas propuestas culturales y también a la celebración de reuniones familiares y eventos privados. Siempre que es posible, procuran contar con profesionales y productos de la zona, de modo que el proyecto contribuya a dar visibilidad al trabajo local.

La Casica coge un espacio del pasado para llenar de alternativas el rural del s.XXI. Exactamente así procede tambien en su literatura. En las obras de Paloma la memoria no es una pieza pieza museística, es algo que puede recuperarse para construir un presente más prometedor. 

 


Salvaguardar lo que importa

En la historia de Paloma Serrano hay una necesidad que reaparece bajo distintas formas: conservar lo que quiere antes de que el tiempo se lo lleve. Esta necesidad está en la caja de cartas que guarda, en los recuerdos que empezó a reunir tras la muerte de su padre, en los poemas dedicados a sus hijos, en su empeño por recuperar la casa familiar abandonada. Paloma con estas acciones construye puentes para mantener vivo lo que realmente le importa. 

En su vida cotidiana, el mismo impulso se manifiesta al llevar a sus hijos a Bienservida, haciendo posible que mantengan el contacto con la familia y que encuentren en el pueblo una parte de su identidad. De este modo traslada al presente la enseñanza de su abuela sobre los afectos que se construyen. 

En la entrevista pronuncia una frase que deja ver este proceso esencial en ella y como se manifiesta en su escritura "ordenar los papeles es también ordenar la cabeza y el corazón. No siempre se escribe porque una tenga las cosas claras, a veces se escribe precisamente para llegar a comprenderlas". Tras esta conversación profunda con la autora me atrevo a decir que esa es la esencia de Paloma Serrano: un intento continuo de agarrar sus recuerdos y transformar su experiencia personal en algo que pueda compartirse. 

Este artículo esta financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla-la Mancha con fondos propios


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