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| CC BY Escuela de Ateneas |
Una vida entre la memoria, la educación y la lucha por devolver a las mujeres el lugar que les corresponde en la historia
Teresa Marín Eced (Cañete, 1933-Cuenca, septiembre de 2021) fue profesora,
investigadora y una mujer comprometida con la justicia social y la igualdad. Su
trayectoria intelectual estuvo atravesada por una pregunta que también marcó su
vida: quién tiene derecho a contar la historia y quién queda fuera de ella.
En su infancia hubo guerra, hambre, silencios familiares y una ausencia paterna
que tardaría muchos años en comprender con toda su magnitud. En su vida adulta, lo ocurrido con su padre, se convirtió en los cimientos de toda su actividad: investigar a quienes habían sido
apartados de la historia. Rescató la voz silenciada de una tradición educativa truncada por la Guerra Civil y la dictadura franquista.
La entrevista que mantuvimos en 2019 con Teresa Marín Eced permiteescucharla contar su propia historia, con la cercanía de quien vuelve sobre los
recuerdos sin ocultar sus heridas. La biografía que Luz González Rubio escribió
para el Diccionario biográfico de Castilla-La Mancha ayuda a completar
ese retrato: aporta fechas, obras, proyectos y reconocimientos, y sitúa a
Teresa en la historia intelectual y feminista de Cuenca y de la región.
Su vida y su trabajo estuvieron unidos por una misma convicción: el pasado
no debe convertirse en olvido, y la memoria no puede pertenecer únicamente a
quienes tuvieron el poder de escribirla.
"Me acuerdo
todavía del ruido que hacían las bombas"
Teresa nació en Cañete en 1933, en una España que pronto quedaría
atravesada por la guerra. Sus primeros recuerdos están ligados al miedo, a los
desplazamientos y a las dificultades de una familia que sufrió las
consecuencias de la represión franquista.
Su padre, médico represaliado, había sido encarcelado y pasó por el campo de concentración de Santa María de Huerta, en Soria. Según contó Teresa,
aquellos años le provocaron una tuberculosis que acabaría con su vida cuando
ella era todavía muy joven. Tras salir de prisión, su padre fue apartado de los
puestos que había ganado por oposición y solo pudo ejercer como interino en
distintos pueblos. La familia tuvo que trasladarse de un lugar a otro: Huélamo,
Las Majadas, Almodóvar del Pinar y otras localidades.
A la enfermedad y la muerte de su padre se sumaron otras pérdidas. En el
mismo año murieron dos hermanos suyos, también de tuberculosis. La familia
vivió en la pobreza y pasó hambre. Pero, además de las carencias materiales,
hubo un silencio que condicionó su infancia: el silencio en torno a su padre.
Teresa recordaba que su madre, procedente de una familia acomodada de
Cuenca y con ideas contrarias a las de su marido, le transmitió una imagen
negativa de él. Durante años lo vio como alguien que se había equivocado.
Después de su muerte, dejó de hablarse de él en casa y ella fue olvidándolo. La
reconciliación con aquella figura paterna llegaría mucho más tarde, cuando sus
propias investigaciones le permitieron comprender la persecución sufrida por
los republicanos.
"Yo soy a pesar de Franco": esa afirmación resume la manera en que su
biografía personal se enlaza con la historia política del país. El franquismo
no fue para ella un episodio lejano que estudiar en los archivos, sino una
realidad que había condicionado a su familia, sus oportunidades y su forma de
comprender el mundo.
La infancia, sin embargo, no estuvo hecha solo de miedo y privaciones. También fue el lugar donde nació su afición por la lectura. En la escuela de Cañaveras llegó sabiendo leer, después de aprender a reconocer las letras a partir de los letreros de las calles. Le gustaban los cuentos y los cómics, y llegó a leer libros prohibidos que guardaba una amiga en una cámara de su casa. La curiosidad y el deseo de aprender encontraron apoyos decisivos. Tras la muerte de su padre, sus maestros Morán y Luis Brull hicieron gestiones para que recibiera una beca y pudiera continuar estudiando. Aquellas ayudas fueron fundamentales para una niña que vivía en una familia sin recursos, pero con una capacidad extraordinaria para abrirse camino.
Gracias a sucesivas becas pudo formarse como maestra y continuar sus
estudios mientras trabajaba. En los años setenta cursó Filosofía y Letras y
Pedagogía en Madrid. En 1975 regresó a Cuenca para ocupar una plaza de
profesora de Pedagogía y Filosofía en la Escuela de Magisterio. Más adelante
alcanzaría una cátedra universitaria.
La historia de Teresa muestra cuánto puede cambiar una vida cuando alguien
reconoce la capacidad de una niña y la ayuda a seguir estudiando. Ella nunca
olvidó a quienes le tendieron la mano. Quizá por eso siempre entendió la
educación como una herramienta para transformar la sociedad y abrir
oportunidades a quienes lo tenían más difíciles.
"Yo hice sacar de
las tumbas intelectuales a todas esas personas"
Teresa Marín Eced fue una profesora comprometida con una educación
renovadora. Dedicó gran parte de su carrera investigadora a recuperar la
memoria de quienes habían quedado fuera de la historia oficial.
Su labor docente se desarrolló en una época en la que las propuestas
pedagógicas progresistas todavía despertaban recelos. Tras ocupar su plaza en
Cuenca en 1975, amplió su formación en Italia, donde pasó cinco años junto a un
reconocido pedagogo, y también en Suiza, gracias a una beca. Allí entró en
contacto con movimientos educativos que defendían una enseñanza más abierta,
participativa y atenta al alumnado. Su manera de enseñar se apartaba de los
modelos autoritarios. La cercanía con sus estudiantes y la elección de materias
poco convencionales la convirtieron en una profesora incómoda para los sectores
más conservadores. La vigilancia policial formó parte de esa experiencia
docente en la universidad.
Sus ideas pedagógicas y sus reflexiones sobre la opresión fueron influidas sobre todo por Paulo Freire. Como recoge Luz González Rubio en la biografía deTeresa hecha para el diccionario biográfico de Castilla-la Mancha: Teresa defendía una educación que no consistiera en sustituir una dominación por otra, sino en transformar las relaciones entre las personas. A ese pensamiento añadía sus reflexiones feministas, convencida de que era necesario recuperar los valores asociados a las mujeres y construir una cultura colectiva diferente.
Su compromiso no se limitó a las aulas. Fue parte de los movimientos
sociales de Cuenca, colaboró en su última época en grupos feministas de Cuenca,
entre ellos La Hora Violeta, el programa de radio que dio vida a la AsociaciónNosOtras pensando, creando, divulgando – plataforma que da vida a esta revista
digital - . La búsqueda de justicia y su preocupación por los demás estuvieron
presentes también en su vida personal: durante diez años perteneció a una orden
religiosa y, ya jubilada, colaboró en clubes de lectura. En uno de ellos enseñó
a leer a personas migrantes, en un proyecto desarrollado mediante un convenio
entre la Biblioteca Pública Fermín Caballero y Cáritas.
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| CC BY Escuela de Ateneas. Escucha entrevista completa |
La investigación fue otra forma de ejercer ese compromiso. Teresa se
interesó por las mujeres que habían participado en la renovación educativa
española durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente aquellas que
habían recibido becas de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) y viajado a
Europa para conocer otras formas de enseñar.
Sus investigaciones mostraron que la renovación pedagógica no había surgido
de la nada. Antes de la Guerra Civil, distintas profesionales habían visitado
universidades, bibliotecas, archivos, museos y centros educativos europeos. A
su regreso, adaptaron lo aprendido a las escuelas españolas: impulsaron
jardines de infancia, transformaron las aulas con criterios didácticos, crearon
y difundieron nuevos materiales, y promovieron colonias escolares y excursiones
colectivas.
Aquella corriente de renovación quedó truncada por la guerra y la
posguerra. La prohibición de la Junta para Ampliación de Estudios y la
persecución de quienes habían estado vinculados a ella interrumpieron
experiencias que, décadas después, todavía podían resultar innovadoras en las
escuelas de Magisterio.
Teresa dedicó sus investigaciones a recuperar ese legado y a explicar su
importancia. Entre sus principales publicaciones se encuentran La renovaciónpedagógica en España (1907-1936). Los pensionados en pedagogía por la Juntapara Ampliación de Estudios, publicada por el Consejo Superior deInvestigaciones Científicas en 1990, e Innovadores de la educación en España(becarios de la Junta para Ampliación de Estudios), editada por la
Universidad de Castilla-La Mancha en 1991.
También coordinó, junto a María del Mar del Pozo Andrés, Las mujeres enla construcción del mundo contemporáneo (2002), y dirigió Figurasfemeninas en El Quijote (2007). A estos libros se suman numerosos artículos
y colaboraciones en obras colectivas.
Luz González Rubio destaca la relevancia de La pedagogía europea importadapor los becados de la Junta de Ampliación de Estudios (1907-1937),
publicada por la Universidad de Castilla-La Mancha, a la que atribuye un antes
y un después en la historia de la educación en España.
En sus escritos, Teresa analizó asimismo el alcance y los límites del
feminismo de aquellas mujeres viajeras. Estudiar su acceso a la educación
superior, sus experiencias en Europa y su incorporación a puestos profesionales
le permitió mostrar tanto sus avances como las restricciones de una época en la
que la igualdad distaba mucho de ser una realidad.
Investigar significaba, para ella, sacar del olvido a quienes habían sido
borrados de los relatos dominantes. Su trabajo no pretendía apropiarse de sus
voces, sino devolverlas a la historia y permitir que sus aportaciones fueran
conocidas.
"Hay un tesoro
público propiedad del pueblo castellano-manchego"
La recuperación de las mujeres de Castilla-La Mancha fue una de las
aportaciones más significativas de Teresa Marín Eced. Su trabajo no se limitó a
estudiar figuras individuales: quiso demostrar que aquellas mujeres formaban
parte de una historia colectiva y que su legado debía estar al alcance de toda
la ciudadanía.
Para ello impulsó un proyecto universitario de ámbito regional, en
colaboración con investigadoras de las cuatro provincias de Castilla-La Mancha.
La iniciativa se centraba en rescatar la trayectoria de las mujeres becadas por
la Junta para Ampliación de Estudios, muchas de las cuales habían contribuido a
la renovación de la educación española y habían sido silenciadas después de la
Guerra Civil.
La investigación permitió reconstruir itinerarios, recuperar documentos y
dar a conocer experiencias que habían permanecido dispersas en archivos o
relegadas al ámbito privado. Las memorias de viaje, las notas de trabajo sobre
museos y centros educativos y los proyectos desarrollados por aquellas
profesionales constituían, en palabras de Teresa, un patrimonio de interés
público que merecía ser estudiado y publicado.
Su interés por divulgar esos hallazgos la llevó también a escribir sobre
las mujeres de la región. La serie periodística Mujeres de Castilla-La
Mancha, mencionada en la entrevista, formó parte de ese esfuerzo por
acercar sus historias a un público más amplio. No se trataba únicamente de
reconocer a figuras excepcionales, sino de cambiar la forma en que se contaba
el pasado regional.
La investigación de Teresa Marín visibilizó las trayectorias de mujeres que
hoy ocupan el espacio público en Cuenca. En 2011 se incorporaron al callejero
conquense algunos nombres desenterrados por ella, como Mercedes Escribano,
Carmen Diamante y Ángeles Gasset, entre otras. Esta iniciativa tuvo una
dimensión política y simbólica. Las calles también cuentan una historia:
deciden qué personas merecen ser recordadas y qué modelos se ofrecen a las
generaciones futuras. Durante mucho tiempo, los nombres femeninos habían tenido
una presencia muy reducida en el espacio público. Teresa quiso corregir esa
desigualdad y propuso feminizar el callejero conquense.
Luz González Rubio señala que el acuerdo fue posible gracias a la
colaboración de Teresa con dos mujeres del Ayuntamiento, Marta Segarra y
Consuelo García, que dejaron a un lado sus diferencias políticas para apoyar la
propuesta. El proyecto demuestra que la investigación histórica puede salir de
los libros y traducirse en cambios concretos en la vida cotidiana.
La biografía de González Rubio destaca también que parte de la obra de
aquellas mujeres continúa inédita. Algunas, como Juliana Izquierdo o MercedesEscribano, sufrieron la represión franquista y dejaron escritos que todavía
necesitan ser estudiados y publicados. Para Teresa, sus recuerdos, sus proyectos
y sus observaciones constituían un tesoro que pertenecía a la sociedad.
Esa idea enlaza con otra de sus grandes líneas de trabajo: estudiar cómo la
educación puede transformar una comunidad. Las mujeres que investigó no solo
viajaron para conocer otras realidades, sino que trajeron consigo nuevas
prácticas educativas. Su trabajo contribuyó a crear aulas más adecuadas para la
infancia, ampliar los recursos didácticos y abrir la escuela a experiencias
colectivas. Conocer esa historia permitía comprender que la educación española
había tenido caminos alternativos, algunos interrumpidos por la guerra y la
dictadura.
La aportación de Teresa a Castilla-La Mancha se encuentra, por tanto, en
varios planos. Investigó la historia de la educación, recuperó a mujeres
olvidadas, divulgó sus vidas, impulsó un proyecto regional de investigación y
contribuyó a transformar el callejero de Cuenca. Su trabajo hizo visible una
parte de la memoria cultural y educativa de la región que, de otro modo, habría
seguido dispersa o desconocida.
La propia Luz
González Rubio subraya una paradoja: Teresa dedicó esfuerzos a que otras
mujeres recibieran el reconocimiento que merecían, mientras que su propia
figura no ha obtenido todavía todo el que le corresponde. Aunque recibió
reconocimientos institucionales en 2006 y 2017, Cuenca no cuenta con una calle
que lleve su nombre.
"Como sembrando y arando la tierra"
Al escuchar a Teresa Marín Eced, se comprende que su obra intelectual no
puede separarse de su experiencia personal. La niña que creció entre la pobreza
dedicó su vida a recuperar las historias de quienes también habían sido apartadas,
ocultadas o despreciadas por cuestiones políticas y de género.
Durante años vivió sin conocer plenamente la historia de su padre. Solo
cuando comenzó a investigar a los republicanos represaliados pudo comprender
mejor lo ocurrido en su propia familia. La investigación le permitió revisar
una memoria heredada y reconstruir una relación que el silencio había dejado
incompleta.
Ese proceso ayuda a entender su manera de trabajar. Investigar no era para
ella un ejercicio distante, reservado a especialistas, sino una forma de hacer
justicia y de comprender su historia familiar silenciada. Allí donde encontraba
una vida olvidada, una obra inédita o una aportación que no había recibido
reconocimiento, veía una deuda pendiente con el pasado.
Su compromiso con las mujeres también se expresó en las dificultades que
encontró a lo largo de su carrera. En su entrevista puedes oir a la propia
Teresa Marín contando con su propia voz el momento en que Gregorio Peces-Barba la
propuso para ocupar una vicerrectoría en la Universidad Autónoma de Madrid y
cómo la dirección conquense de la Escuela de Magisterio se opuso a que le
dieran ese cargo amenazando con dimitir. Ese episodio revela los grandes obstáculos
que esta gran mujer encontró en su vida, incluso después de haber alcanzado una
posición académica destacada.
Teresa conocía bien la distancia entre el mérito y el reconocimiento. Por
eso no consideraba suficiente recuperar nombres del pasado: había que
transformar las condiciones que seguían limitando a las mujeres en el presente.
Su defensa del acceso a la educación, del trabajo digno, de la participación pública
y de una sexualidad responsable, formaba parte de una concepción más amplia de
la justicia.
Su legado se parece al trabajo paciente de quien prepara la tierra.
Investigar, leer documentos, reconstruir biografías, publicar y proponer
nombres para las calles… son tareas que pueden parecer pequeñas si se observan
por separado. Sin embargo, juntas modifican la manera en que una sociedad se
entiende a sí misma. Teresa sembró conocimiento para que otras personas pudieran
recogerlo. Todo lo mencionado anteriormente, unido a una larga carrera de docente
universitaria, hizo que cientos de los educadores de los que hoy pueblan las
aulas de esta región piensen en la educación como una herramienta para crear un
mundo más justo y respetuoso para todas las personas, independientemente de su
género, sus ideas o su procedencia.
Luz González Rubio plantea que sería necesario contar con una biografía más
amplia de Teresa, capaz de reconstruir los obstáculos que tuvo que superar para
llegar a la universidad, ocupar puestos académicos de responsabilidad y
alcanzar prestigio intelectual. Esa necesidad de profundizar en su historia es
también una invitación a reconocer la magnitud de su aportación. Porque, como
la propia Teresa Marín Eced defendió a través de su vida y de su obra, nadie
debería quedar fuera de la historia.
Este artículo esta financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla-la Mancha con fondos propios y está construido a partir de la entrevista realizada para el programa de radio La Hora Violeta a Teresa Marín Eced en 2018 y se completa con los datos biográficos y bibliográficos aportados por Luz González Rubio en su texto para el Diccionario biográfico deCastilla-La Mancha.




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