Los hombres que no escuchaban a las mujeres, o la hegemonía del liderazgo arrogante (parte I)

Hace varios años que leí este artículo que pretende ser una guía para mujeres sobre cómo fardar para conseguir ese ascenso tan deseado. Pretende ser un manual que aconseja a las mujeres cómo hablar de sí mismas, para poder estar a la altura de lo esperado en entornos laborales masculinizados. 

Desde el principio la lectura me “torció el morro” y luego el estómago.


Un señor BBVA da la mano a una señora porque ha conseguido “hablar poderosamente” de sus logros. Imagen extraída de aquí 


 El artículo va acompañado de esta foto - que me da avergüenza colgar en esta revista, puesto que, éste, es un espacio que apuesta por romper con este tipo de imagen masculina. - Si sigues los consejos y aprendes a “hablar poderosamente” sobre tus logros conseguirás que ese señor BBVA (blanco burgués varón adulto) te de la mano, te sonría y te llevas de paso un ascenso.  El señor de la foto representa a la perfección el estereotipo del líder, el único tipo de líder que se sigue permitiendo en la mayoría de los entornos laborales hoy día, también en la ciencia y la ingeniería, claro.


Han pasado años y vuelvo a este artículo con una sensación en el recuerdo que quería comentar con vosotras. Al releerlo para escribir este artículo me revuelvo en el sillón. Me siento fuera, una outsider. Sé que yo soy es mujer de la que el artículo habla, pero que un medio tan relevante como el Forbes publique algo así, clama al cielo. 

Me asaltan estas cuestiones:

¿Nunca seré considerada en igualdad con mis compañeros varones? 

¿En serio debo imitar comportamientos masculinos y actitudes como fardar para ser considerada como buena profesional? si es así, y fardar es tan importante para conseguir 

reconocimiento y categoría profesional, entonces, ¿dónde queda la meritocracia en la que nos valoramos por nuestros méritos y capacidades?.

La primera vez que leí este artículo me hice estas preguntas. Mi experiencia de hoy, me da la trayectoria y la visión para desarrollar algunas respuestas.


El problema no es que las mujeres no sepamos fardar de nuestros méritos. El problema es que es vergonzoso que todavía el entorno laboral esté mayormente copado por personas que practican lo que voy a llamar liderazgo arrogante, mayormente hombres y en concreto hombres BBVA. 


Dice Tomás Chamorro-Premuzic que el entorno laboral equipara falsamente confianza y competencia, y afirma que: “la arrogancia y el exceso de confianza se consideran positivos en puestos de poder, pero sin embargo están inversamente relacionados con el talento de liderazgo”. Yo añadiré que la arrogancia y el exceso de confianza son comportamientos irresponsables que, por desgracia, son bien vistos por la mayoría de la sociedad. Vemos comportamientos de liderazgo arrogante cada día en debates televisivos o entre los políticos/as.


Hace tiempo leí que la inteligencia, a los ingenieros varones, se les asume por defecto. Sin embargo nosotras, como mujeres en entorno masculinizados, debemos demostrarla cada día en cada actuación, puesto que cualquier descuido, implicará cuestionar nuestra carrera entera. Un solo fallo puede significar que te tachen de mala profesional, como si nunca hubieras hecho nada bien. Análogamente, un hombre que haga algo mal podrá ser considerado un mal día o un desliz, lo cual no me parece mal, todas las personas deberíamos tener derecho a días mediocres y a proyectos que salen mal. Y no, con esto no pretendo hablar del concepto de fracaso del que hablan los grandes líderes arrogantes de empresas en EEUU cuando hablan de motivación en actos de graduación. 


Nunca he escuchado de un compañero que era un mal profesional, a pesar de que llevara meses sin atajar un problema con coherencia, a pesar de ir dando tumbos y/o culpando constantemente de sus errores a personas externas al proyecto. Pero sí de compañeras por hacer hecho saber varias veces que por estar doloridas por la regla y les estaba costando completar la jornada laboral. 


Con este panorama, que nosotras también nos dediquemos a fardar no sirve de nada, por mucho que diga el artículo que menciono arriba. Pero eso lo dejo para el siguiente artículo.

 

Entre tanto y por todo esto: Por mí y por mis compañeras me declaro impostora.


Artículo financiado por el 

Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha 2022.




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