La institución del matrimonio y sus "cosicas"

Durante milenios las sociedades humanas han funcionado buscando el equilibrio entre dos lógicas contrarias: 

  • El poder natural de la atracción entre sexos y el apareamiento libre.
  • El sistema matrimonial de control de las relaciones sexuales, que expulsa el sexo de lo socialmente aceptado fuera del matrimonio- al menos para las mujeres casadas, ya que las culturas han tenido mucha más mano izquierda para juzgar los deslices masculinos -.
La primera lógica:  el poder natural de la atracción entre sexos y el apareamiento libre corresponde a las sociedades donde las mujeres están menos subyugadas: las culturas matrilineales o ginecocráticas anteriores al patriarcado - tambían las sociedades occidentales de hoy en día, aunque el tratamiento de este artículo es más histórico-

No es hasta aproximadamente el año 4.000 antes de nuestra era, que el ser humano supo del poder germinador del esperma masculino. Antes de ello, se creía que las mujeres quedaban embarazadas porque contenían en ellas mismas esta potencialidad. Por tanto, la capacidad generadora de vida de la mujer era alabada y cuidada por toda la comunidad. Algunas historiadoras defienden que fue con la llegada de la ganadería, que el varón advirtió que había una relación directa entre el coito y el alumbramiento de nuevos seres. Fue cuestión de tiempo que la parte masculina de las sociedades quisiera reconocerse padre legítimo de las criaturas que alumbraba una mujer y para ello, había que limitar la capacidad de acceso de las mujeres a varios hombres.

En la era prepatriarcal las mujeres tenían hijos que estaban unidos matrilinealmente a sus madres. Si había alguna figura masculina sostenedora (lo más parecido a un padre) eran los hermanos de la madre, a esta práctica se la llama avunculado. Los antropólogos decimonónicos, con su forma rígida y patriarcal de entender las sociedades que estudiaban, llamaron matrimonios grupales a la forma de maternidad sin asignación de padre que se daba en algunas comunidades matrilineales de aborígenes y que se considera el modo de sociedad anterior a la legislación patriarcal.  

Pinturas rupestres de Monfragüe, representación de comunidades.
Datadas entre 7.000 a.C y 2.500 a.C. imagen recogida de aquí

La segunda lógica: el sistema matrimonial como método de control.
Se impone con la necesidad de los varones de reconocer a sus hijos como legítimos - una madre biológica nunca tiene dudas sobre su maternidad, para los varones es distinto, la paternidad y la inseguridad sobre ella es la base de muchas de las desigualdades sobre las que se edifican las culturas patriarcales -  Ningún hombre quiere dejar sus bienes materiales, ni alimentar a los hijos de otro hombre. El impulso de posesión es una de las fuerzas masculinas que rige el mundo.

Como siempre, la lengua que hablamos nos da algunas pistas de las idiosincrasias culturales. 
  • PATRIMONIO. Viene del latín patrimonium, que significa bienes que poseen los padres
  • MATRIMONIO. Del latín matrimonium con la misma raíz que mater, significa literalmente "condición legal de madre". De este modo matrimonio define la condición de madre legítima de los hijos de un hombre.
El orden legal establecido por los hombres para el control de las sociedades le da la vuelta a la tortilla y sus códigos legales establecen el matrimonio como institución que garantiza la posesión de los hombres sobre las mujeres y la propiedad de los hijos que surgen de los encuentro sexuales de ambos. Es este constructo sociocultural el que ampara la legitimidad de una mujer como madre de los hijos de ese hombre (luego las que tenemos fama de retorcidas somos nosotras).


Gerda Lerner, historiadora feminista, plantea que el patriarcado comienza con la formación de los estados arcaicos, puesto que con ellos comenzó a necesitarse una élite central de personas poderosas que se dedicasen a la organización y regularización de la vida común – cada día más compleja en las ciudades estado – fueron los hombres los que regularon el comercio, la convivencia, el almacenamiento de excedentes agrarios, la defensa de las ciudades, el diseño de proyectos de regadío, mientras que las mujeres siguieron con su estatus de madres/agricultoras/cuidadoras, las más poderosas lo eran ejerciendo el poder religioso y espiritual. Según Lerner la autoridad centralizada de las nuevas sociedades no igualitarias, favorecían la fuerza de los machos dominantes.
Akenaton, su esposa Nefertiti y sus hijas. Neus Museum de Berlín


Es en mesopotamia donde el matrimonio se establece férreamente como contrato sexual y como método de control de la natalidad de las mujeres. 

Las imposiciones hormonales de atracción poco saben de clases sociales, de razas o religiones, es por ello que los que estipulaban las normas sociales, destinaban muchas palabra escrita a refrenar el deseo sexual. La legislación sobre matrimonio (siempre la base de las sociedades) ha hecho innaccesibles a ciertas mujeres para ciertos hombres y vicebersa. 
Ciertamente, desde la época romana, las normas de los contratos matrimoniales, sólo podían endurecerse. Las clases sociales y las religiones monoteístas patriarcales generan la matriz moral-cultural necesaria para que historia de la literatura esté plagada de narraciones de amor insatisfechas. Páginas y páginas de amores tortuosos e imposibles que siempre acababan fatídicamente y que reflejan la realidad y el tormento de muchas parejas de la vida real. 


Chica rica se enamora de chico pobre. Imagen recogida de aquí

El matrimonio como forma legal-religiosa.

A partir del siglo XI-XII, el matrimonio fue convertido en institución de la Iglesia, mediante celebraciones religiosas e imposiciones sobre la única forma de unión moral y socialmente aprobada. Al convertir el matrimonio en santo, se amplían la dimensión del mismo haciéndolo indisoluble "lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". Las mujeres que carecían de marido solían estar destinadas a la pobreza, dejándolas como única opción la prostitución y la marginalización, a no ser que se entregaran al servicio de Dios. 

El matrimonio se refleja en los códigos legales-religiosos como el contrato entre dos hombres (futuro marido y el progenitor de la novia), de manera que los tratados legales no reconocen en ningún caso la libertad de las mujeres en los actos contractuales. El varón tendrá siempre la patria potestad sobre su mujer y sus hijos, sin que la mujer tenga mucha posibilidad de decisión en nada que tenga que ver con su propia vida. Esto en nuestro país ha sido así hasta la muerte de Franco.


"Antes del matrimonio" pintura de Boris Zhuralyov recogida de aquí


El gran dato de la visión de la mujer como un objeto de la propiedad del hombre (padre o marido) está en la forma de legislar las violaciones: en caso de violación, el violador debía pagar al padre de la mujer violada una cantidad de dinero, para compensar el daño causado a la familia. Esta es la lógica mercantil de la compensación al propietario por un destrozo de la mercancía de su propiedad. Quien ha provocado el destrozo, debe pagar una compensación al propietario (el padre) y debe quedarse con el objeto estropeado (la joven), ignorando los sentires y la experiencia de la mujer.

Este hecho no deja de ser curioso, si repasamos que en caso de adulterio, la mujer - nunca antes dotada de capacidades de libre albedrío, ni de capacidad de raciocinio propia ante la ley - de repente se convierte en un sujeto frío y calculador. Culpable al mismo tiempo de su pecado de carne y de incitar a ello a su pobre y desvalido compañero, con malas artes. En el Código Penal español de 1944 - ¡en pleno siglo XX! - todavía se describía el adulterio como el cometido por mujer casada y excusaba del delito de homicidio al marido que descubría que su mujer le había sido infiel. 

Durante mucho tiempo la atracción entre cónyuges no se consideraba necesaria (a veces, si existía, se consideraba de forma negativa). En el s. XIX Montaigne decía “que un buen matrimonio, si es que existe, rechaza la compañía y las condiciones del amor”

El refranero popular español deja dicho: “ante belleza o dinero, elige siempre lo postrero” o “Matrimonios por amores causan muchos sinsabores”.

En ciertas culturas, el matrimonio de los futuros cónyuges se planea antes incluso de su nacimiento.


¿Algún paso intermedio entre la matrilinealidad libre de la ginecocracia y los matrimonios patriarcales?

El matrimonio puede verse no como un contrato que mercantiliza las uniones de las personas para garantizar la transmisión de los bienes patrimoniales, sino como un contrato que tiene como objeto asegurar la continuidad de los linajes familiares, como un culto no escrito a los ancestros y la supervivencia y prosperidad de la casta.

Según la historiadora y escritora castellanomanchega Ángela Vallvey Arévalo.

"En Grecia el que permanece célibe, comete un delito contra los ancestros y contra la sociedad al permanecer solo, renunciando a perpetuar su sangre. Es sabido, y así lo afirma Platón, que los casamientos deben hacerse entre los 30 y los 35 años que es un crimen negarse a tomar una mujer, el que se cuida de ello pagará una multa anual, para que no imagine que el celibato es estado cómodo y ventajoso"

Es una forma menos oscura de ver el nacimiento de esta institución y que libera de maldad los actos de los varones. Me gusta creer que hombres y mujeres estuvieron de acuerdo en la institución del matrimonio como forma de unión en la que los dos obtenían beneficios y honraban a sus respectivas familias dotándolas de historia y linealidad. Desde esa concepción, cada pequeño cambio se habrá ido dando creyéndolo beneficioso para todos, y solo hoy, gracias a la perspectiva de género con que leemos la historia somos capaces de valorar los daños que ello ha supuesto para las mujeres a lo largo de la historia. 


Como siempre, acabamos con musiquita. Te dejamos una nueva lista del perfil de Spotify de Escuela de Ateneas. Un paisaje sonoro creado para entradas como ésta al que hemos llamado Enamoradas empoderadas, porque el amor romántico ya no nos encorseta ni nos maltrata y algunas hacen de trovadoras del bien querer. 



Bibliografía.

  • Teología feminista en la historia. Teresa Forcades I Villa, Fragmenta editorial. 2011 (p. 24).
  • La masculinización del modelo femenino. PDF
  • La oscura cuestión masculina. Hombres y padres. Giuddita Lo Russo.
  • Gustar y emocionar: ensayo sobre la sociedad de seducción. Gilles Lipovetsky. 2011.
  • La cuestión etimológica de las palabras matrimonio y patrimonio, pueden ser consultadas con mayor precisión aquí. 
  • La creación del patriarcado, Gerda Lerner. Katakrak (2021)


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