"EL HARÉN DE OCCIDENTE" ensayo sobre la mujer en el mundo árabe para occidentales que no entienden nada

El Harén de occidente es un ensayo que surge de las propias dudas de Fátima  Mernissi, con respecto a cómo los occidentales entienden su cultura. 


"Harén" de Francisco Iturrino
Tras el éxito internacional de la novela “Sueños desde el umbral” (1994). - traducida a 24 idiomas -  autobiografía de la infancia de la autora, contada desde el punto de vista de la niña que la autora fue. Es la historia de una familia común en el Marruecos de los años 40, donde todas las mujeres, (madres, hijas, nueras, sobrinas y tías) viven confinadas en la casa común de la gran familia. Una historia de mujeres que comienza con la frase “Yo nací en un harén”

En la gira de presentación del libro por Europa descubre que se siente incómoda por las sonrisas pícaras y las preguntas inapropiadas sobre el harén. Intuye que hay algo que los occidentales no entienden sobre el concepto harén tan común y tan polémico en su mundo, de manera que se propone analizar todos los referentes culturales populares occidentales sobre el mundo árabe (ballets, cine, obras de arte, teatro)....

    Se da cuenta de cómo al cruzar el mar, la cultura machista occidental ha transformado la idiosincrasia femenina de oriente, para desvirtuarla completamente.

    Con este panorama se decide a transformar su inseguridad con respecto al tema en una búsqueda de respuestas. Usa las entrevistas para sacar información a sus entrevistadores sobre su concepción sobre los harenes y de la mujer árabe. De esta peculiar investigación sale este excelente ensayo sobre lo femenino y cómo la cultura imperante, que por supuesto es occidentalista y heretopatriarcal, ha desvirtuado la complejidad del pulso de los sexos en la cultura islámica.

“Yo nací en un harén” Así comienza mi libro, y parece ser que en esa frase radicaba el misterioso problema. Todo el que me entrevistaba, sin excepción, empezaba la sesión preguntándome “¿es verdad que nació usted en un harén?” y me miraban con tal intensidad que quedaba claro que no querían que eludiera la cuestión. Como si hubiera un secreto vergonzante detrás de aquello. Para mí, la palabra harén no solo es sinónima de la institución de la familia, sino que además nunca se me ocurriría asociarla ni con diversión ni con algo jovial. […] Notaba que si decía: “Pues si, nací en un harén” iba a causar un problema no solo a los periodistas, sino, también a mí misma al darles pie a reírse con aquellas sonrisas que sus harenes les suscitaban. Mi intuición femenina me alertaba de las connotaciones sexuales existentes bajo aquellas sonrisas y a las que yo era ajena por completo”



A esto yo añado, que esos machos se atrevían a entrevistar a F. Mernissi sin haber leído el libro sobre el que le iban a preguntar, pues de haberlo leído no tendría cabida que no se hubiese desajustado el concepto de harén que ellos tuviesen anteriormente en su cabeza. Si te apetece adentrarte en la idiosincrásia femenina reinante en un harén, desde Escuela de Ateneas te invitamos a leer Sueños en el umbral, la maravillosa novela de la sociologa marroquí Fátima Mernissi, cuya gira de presentación dio lugar a este ensayo sobre cómo vemos el mundo árabe y cómo es en realidad. 

[…]
Y así fue como decidí trastocar los papeles y empezar yo a entrevistar a los periodistas. “¿Por qué se sonríe usted?” – preguntaba con dulzura cada vez que uno me daba muestras de cierta animación – “¿Qué le parece tan divertido de un harén” El intercambio  convirtió a mis entrevistadores en fuentes de información y enseguida comprobé que no estábamos hablando de los mismo: los occidentales tenían su propio “harén” y yo el mío, y no se parecían en nada.

Los harenes del imaginario occidental tienen que ver con los jardines paradisíacos donde los sultanes y los califas recluían a sus concubinas, muchas y todas dispuestas a hacer realidad las fantasías sexuales de su amo. Nada más lejos de la realidad. Los harenes nunca fueron lugares de mujeres dóciles y deseosas de complacer.
    En los harenes de los califas, las odaliscas eran mujeres cultas y eso las hacía también  peligrosas. El califa no olvidaba nunca que eran muchas y eran listas.

  •     El erotismo está en los pulsos intelectuales
  •     Las Odaliscas eran compañeras de entretenimiento más parecidas a las gueishas. Sagradas y respetadas, que dominaban muchos artes. El amo del harén encontraba el disfrute en el encuentro cultural y la conversación. Nunca en los cuerpos yacentes o bailarinas eróticas. Como las pinturas y los ballets sobre oriente nos hicieron creer.

El Harén de Rafael Ubani Villarreal

Prueba de ello es que en árabe existe la palabra Samar. Su significado literal es conversar durante la noche. Con matices culturales para los amantes.
 “Samar es una de las muchas palabras árabes cargadas de sensualidad: tan solo significa conversar durante la noche. Pero conversar en voz queda en medio de la penumbra puede estimular sensaciones increíbles de los amantes. Y si hay luna se logra un Samar perfecto. […] Entre las sombras de las noches con luna el diálogo entre un hombre y una mujer, tan dificultoso durante las horas del día, se convierte en algo posible. La confianza entre los dos sexos tiene más posibilidades de florecer cuando se desvanece el orden diurno, propenso a los conflictos. Con esta esperanza es con la que se cultiva el Samar. “

Uno de los personajes en los que Fatima Mernissi ahonda en este ensayo es en la mítica Sherezada de Las 1001 noches, a quien dedicamos un post completo por ser un personaje que bien lo merece. 



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