Literaturas del encierro (I): Primavera. Día de la poesía

¡Hola chicas! Hoy quiero celebrar con vosotras el Día de la Poesía y esta entrada silenciosa de la Primavera… La naturaleza (que somos) comienza un ciclo hacia la luz, la fecundidad, la germinación… todo un proceso hermoso que culminará en el fruto que nos nutrirá de vida.
Por eso pienso que es momento de acompañar con acciones ese proceso del que formamos parte aunque lo olvidemos. Por eso os propongo plantar una semilla real y metafórica y cuidar y observar la nueva vida abriéndose paso.


Mi propuesta
Os invito a escribir una PLEGARIA.
Una plegaria es un ruego, una súplica humilde y ferviente para pedir algo.
Este es un buen momento para pedir. Ahora que nos sentimos inseguras. Ahora que no sabemos qué pasará, que percibimos el caos o el miedo. Ahora que reconocemos la vulnerabilidad que nos habla de nuestra esencia común, que nos hace humanas. Ahora, que todo es desierto, clamamos a los dioses por la lluvia, rezamos para buscar amparo, nido y consuelo. Pidamos. Pidamos HUMILDE Y FERVIENTEMENTE todo lo que de verdad necesitamos. Hacemos ese ejercicio introspectivo de pensar cómo nos queremos, qué mundo queremos. Y lo escribimos sin juzgar nuestros deseos, da igual si nos parecen egoístas o utópicos. Simplemente deseamos; nos permitimos desear. Aprovechamos la fuerza creadora de la primavera, para sembrar nuestras peticiones, nuestros deseos, y esperar -trabajando- que florezcan.



Como muestra, os envío el texto que me ha servido de inspiración para la consigna: este poema de mi compa de militancias poéticas, Antonio Orihuela, que pertenece a su libro Disolución. Es una hermosura que me sobrecoge siempre que vuelvo a él. Y os la quiero regalar. Compartir poesía como cura para nuestra herida, como flotador para este naufragio. Hoy y todos los días.


“Plegaria para Lucía Reyman”
ANTONIO ORIHUELA

Que el asombro construya el mundo,
que los mapas cotidianos estén surcados de aventuras,
que los barrenderos no tengan nada que barrer,
que siga habiendo charcos en los que meter los zapatos
y hormigas que se paseen por las bibliotecas.

Que todas las varitas sean mágicas, que la cabra tire al monte,
que las hojas brillen, que los zoológicos cierren,
que los nidos crezcan, que el sol se esconda entre las ramas,
que se llene la tarde de balidos y los cuerpos de caricias.

Que recuerdes el nombre de todos los seres sintientes
que te regale la vida.

Que no te pueda la indiferencia,
la letra pequeña, la conveniencia, la injusticia,
el mal ejemplo, la dureza del mundo.

Que no tengas miedo a reconocer que te has equivocado.

Que no levantes demasiados laberintos,
que no sepas lo que es el odio,
que tus únicas armas sean las dialécticas,
que la policía no viva en tu cabeza,
que no te callen, que no tengas que huir.

Que no temas a la pureza
y salgas a la calle de la mano de la niña que eres.

Que te pierdas, que te encuentres, que te vuelvas a perder,
que encuentres el camino de vuelta a casa.

Que tu alegría contagie a los demás.

Que tengas dulces sueños.

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Nueva sección que hemos dado en llamar Literaturas del Encierro, para retomar nuestra red de contacto y nuestros encuentros de manera virtual y compartir los conocimientos que tenemos al respecto. En ella podréis encontrar una recopilación de reseñas y comentarios acerca de libros en los que aparece el encierro como materia literaria, pero también un minitaller de escritura en el que podréis participar de manera libre y gratuita siguiendo las consignas que iremos proponiendo en sucesivas entradas.

#CompartirEsVivir


Comentarios

  1. LA BELLEZA ES UN ESTADO.

    En los días en que el mundo me aplasta,
    busco desesperadamente horadar en La Belleza.

    Es mi huida.
    Mi oasis mental.
    La Belleza es fresca y limpia.
    Es mi atalaya a la que subir para entender que vivir
    no es ese verbo que experimento
    con mil capas translúcidas de gris descascarillado.

    El mundo de asfalto,
    con sus razones de asfalto,
    se muestra a diario gritando a mil voces su discapacidad.
    Haciendo alarde de una inteligencia de asfalto,
    que aplasta la Belleza,
    que mutila la calma, la reflexión y la empatía.

    Vivir desde la Belleza,
    dignifica al ser humano.

    La Belleza es la verdad necesaria,
    pero es discreta.
    Se pierde en las interferencias de este mundo lleno de estímulos.
    Es escurridiza,
    sólo se deja ver por una mirada que la contenga.

    Los días que no aparece,
    aspiro a no helarme de frío en la verdad sin lustre de vivir sin sentirla.
    Confiando que vendrá de puntillas en cualquier momento en soledad,
    Y aparecerá desnuda ante mi.

    La Belleza es un estado.
    Un sentimiento que acontece vibrando en el interior.
    Es alegre sin risa,
    es vitalidad sin acción.
    Tiene sentido, porque no hace falta buscarlo.

    Es mi verdad sentida, y desde la Belleza quiero vivir.


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  2. GRACIAS A LA VIDA, QUE ME HA DADO TANTO

    Gracias por mis ojos, que aun cansados, pueden leer y seguir pegada al whatsapp todo el día.
    Gracias por mis oídos, que son la puerta a la felicidad de la música.
    Gracias a la gente que hace crecer mi comida sana y sin químicos
    Gracias a que en el mar, aun haya peces salvajes.
    Gracias a las frutas que caen maduras para el deleite de mi boca
    Gracias a las flores que siguen oliendo
    a los árboles que me dan sombra
    a las manos de mis nietas que aun caben en mis manos
    Gracias por mis labios, que aun pueden besarlas
    Gracias a mis piernas, tan maltrechas, y aún siguen caminando
    a mis manos escribiendo y cocinando
    y a mi cuerpo entero tumbado en la esterilla, feliz y relajado conectando con el universo

    Gracias por poder dormir y que mis días sigan unos tras otros.


    Llanera Solitaria

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  3. Traslado aquí. El relato que nos llega de Julián María Guzmán

    MADRID EN MARZO


    Necesito salir a beber una cervezas tras otra hasta caer borracha y sin dinero en los bolsillos. Esta reclusión repentina me está matando y me hace pensar en cosas raras. Me vuelve intrépida y me hace soñar con escenas que hace poco no era capaz de imaginar que soñaría. No estoy aconstumbrada a pasar tanto tiempo encerrada en un espacio tan reducido y noto como la deriva se apodera de mí. La siento del mismo modo que la playa debe sentir sobre ella al mar abatiéndose ola tras ola. El mar, como la vida, se va llevando sus granos de arena para canjearlos por los restos de un naufragio. Sabe la playa que cada ola es tiempo que pasa, cada segundo transcurrido una estafa que no puede evitar. Siente que el oleaje le marca las horas de su vida como si fuera un preciso reloj y yo siento que todo el tiempo que está durando esta clausura inesperada es simplemente vida desperdiciada. Nos piden que seamos responsables y que nos quedemos en casa. Como si eso fuese tan sencillo. Aquí estoy, agazapada en mi trinchera de algodón aunque me gustaría ser más valiente, saltar desde mi ático y empezar a sobrevolar las calles de Madrid. Enlazar todas y cada una de las fiestas que se estén celebrando en ese momento y estrechar entre mis brazos a todas y cada una de las personas que bailan y disfrutan en ellas. Sin importar condición, estado civil, raza o credo. Abrazaré a un elegante travesti o a una abominable diputada de VOX. Abrazaré igualmente a una futbolista recién terminado su partido o a un escritor inédito, a un bombero torero o a un cirujano en paro, a rey campechano o al bufón de su corte, a Bertín Orborne o a Iván Ferreiro, a una bailaora de flamenco o al un conductor de una máquina apisonadora. Una de esas máquinas con enormes rodillos con las que a veces te cruzas en alguna carretera en obras. Su sola visión me desepera, siempre tan parsimoniosa, a ese paso lento y pesado aplastando con saña pero minuciosamente la masa de graba y alquitrán. A ese hombre que dirige la máquina con tanta paciencia, gordo, con barba de tres días, casco amarillo ladeado, su camiseta de tirantes blanca empapada en sudor, sus vaqueros caídos y sus enormes botas salpicadas con pegotones negros de grasa, a ese le daré el más suave y tierno de los abrazos, a él, al heroe de las jornadas laborales mansas y anodinas.

    Quiero entrar en el primer casino que me encuentre abierto y jugarme el resto de mi vida a uno de los juegos cuyas reglas desconozca, con un trébol de cuatro hojas en el tirante de mi vestido. Reventar la banca, coger todo el dinero y volver a sobrevolar toda la ciudad, dejando tras de mí un reguero de billetes que llueva sobre las aceras. Que los transeúntes alcen sus cabezas y me vean levitando sobre ellos, que sea su primera alegría después de tanto tiempo aislados. Todo esto pienso a última hora de la noche, sin haberme levantado aún de la cama, una cama que este día ha sido más una cuna. Una cuna que ha atrapado a la niña que llevo dentro, una niña castigada sin saber porqué y sin haber podido hoy bajar a la calle a jugar con sus amigos.

    Se me ha hecho eterno este primer día de enclaustramiento. Voy a poner la radio a ver si en las noticias dicen de una vez cuánto va a durar esta puñetera cuarentena.

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  4. Y de repente, las calles ya no pueden ser habitadas. Ni transitadas. Sólo pueden ser observadas.
    Me gusta el silencio desde mi ventana
    ¿Crecerán nuevas hierbas entre las grietas del asfalto?
    No sé si Marta sabe que Ana ha muerto.


    Los lugares habituales, se han convertido en zonas de riesgo
    ¿Volveremos a ocuparlos sin miedo?
    Tengo que enviar a Gema la lista de la compra
    El entrenamiento de hoy me ha sentado genial


    En los espacios de tránsito de la cotidianidad de los hogares nacen grandes propósitos de exploración para garantizar la salud psicológica.
    Llevo todo el día escuchando a Satie


    La (no) presencia de los seres queridos, lejos de ser una añoranza es un seguro de vida
    Dani está muy asustado. Yo también. Catriona me ha escrito un whatsapp


    Las barreras que ahora nos separan de la vida también son nuestras aliadas y nos protegen de ella misma.
    ¿Serán eliminadas?
    No me apetece hablar con Ernesti. No le voy a contestar


    Cuando la muerte es expresada con números no duele, pero cuando la muerte es expresada con rostro, duele mucho. Junto al dolor, el miedo.
    Voy a limpiar los baños.

    Dicen que si abrazas a alguien durante (al menos) 6 segundos seguidos, los niveles de serotonina de tu cuerpo aumentan y son numerosos los beneficios para la salud. Ese abrazo debe ejecutarse de forma clandestina porque ese abrazo, es un delito. Ese abrazo, pone en riesgo la seguridad de toda la comunidad, pone en riesgo tu seguridad.
    Después de esto, ¿Cómo serán expresados los afectos?
    Mariamma ha tosido. Tengo que cambiar la contraseña de la WIFI.


    La catarsis como única salida para una civilización que va sin rumbo y a la deriva
    ¿Cómo será aceptada?
    Está nevando, voy a despertar a Mariamma para que vea la nieve.


    Nuestra vulnerabilidad, que siempre se mostró poética, ahora es tangible. La podemos tocar y sentir como quema, como abrasa.
    No sé que voy a preparar hoy para comer. He vuelto a discutir con Rosa


    La colectividad en occidente ahora (más que nunca) es una auténtica Distopía.
    Mariamma lleva dos días sin salir al balcón para tomar el aire. Mañana, por fin, acabo mi tratamiento.

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  5. Madre nuestra, que estás
    en los suelos,
    Santificado sea tu nombre;
    venga a nosotras tu sino;
    siembrese pa' cosechar así en la
    vega como en lo yermo.
    Danos siempre al alimento de
    cada día;
    perdona nuestra violencia
    cómo también nosotras
    perdonamos si te
    enfureces;
    no nos dejes morir de
    inanición,
    y permítenos amar.

    Amen (sin tilde)


    Este texto nos llega por correo. Su autora es Jesusa Canalla
    @jesusa_canalla en instagram

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