El matrimonio, la virginidad y otras imposiciones culturales de la mujer, como propiedad del hombre.

Desde el comienzo de las civilizaciones, la vida de la mujer solo ha tenido sentido si su fin último era unirse y servir a un hombre, proporcionarle infinidad de vástagos - a poder ser machos - herederos de su genética y su patrimonio y por supuesto, no pedir nada a cambio.

Ya en el Código Religioso-legal mesopotámico de Hammurabi - del s. XVII antes de Cristo - se niega a las mujeres el derecho a la propiedad, el derecho a la educación y el derecho a elegir o repudiar a un marido. 

"Matrimonio desigual", Pintura de Vasily Pikirev recogida de aquí

 
La aparición de las ciudades - grandes grupos de personas viviendo en sociedad - hacía más difícil la gestión de los conflictos entre humanos. Uno de los conceptos que inventó de la mente humana para poder gobernar mejor la vida en estas sociedades fue el concepto de propiedad privada. Bienes asociados a una persona (que mira tu que casualidad) debía tener los genitales masculinos.

El concepto de propiedad privada es aún hoy el pie de la pirámide sobre la que se sostiene la vida en sociedad. Desde el punto de vista legal, al firmar el acta matrimonial, la mujer formaba parte de los bienes patrimoniales del hombre.

La falta de reconocimiento legal de la plena subjetividad femenina ha estado históricamente asociada a la consolidación de un sistema económico basado en la propiedad privada: el control de la mujer es el único medio que tiene el varón de asegurarse que su propiedad pasará a sus hijos y no a los hijos de otro varón.

Friedrich Engels

Conceptos como la castidad, la monogamia, el adulterio y la familia biparental, no significaban nada en las primeras comunidades humanas de la prehistoria. No eran valores sociales por los que se rigiese el comportamiento humano. De hecho en las sociedades de la prehistoria los hijos tenían madre pero no padre, siendo su manutención una obligación de toda la tribu.


El matrimonio como forma legal-religiosa de controlar la sexualidad y la capacidad reproductora de las mujeres. 

A partir del siglo XI-XII, el matrimonio fue convertido en institución de la Iglesia, mediante celebraciones religiosas e imposiciones sobre la única forma de unión moral y socialmente aprobada. Al convertir el matrimonio en santo, se amplían la dimensión del mismo haciéndolo indisoluble "lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". Las mujeres que carecían de marido solían estar destinadas a la pobreza, dejándolas como única opción la prostitución y la marginalización, a no ser que se entregaran al servicio de Dios. 

"Antes del matrimonio" pintura de Boris Zhuralyov recogida de aquí

El matrimonio se refleja en los códigos legales-religiosos como el contrato entre dos hombres (futuro marido y el progenitor de la novia), de manera que los tratados legales no reconocen en ningún caso la libertad de las mujeres en los actos contractuales. El varón tendrá siempre la patria potestad sobre su mujer y sus hijos, sin que la mujer tenga mucha posibilidad de decisión en nada que tenga que ver con su propia vida. Esto en nuestro país ha sido así hasta la muerte de Franco.

El gran dato de la visión de la mujer como un objeto de la propiedad del hombre (padre o marido) está en la forma de legislar las violaciones: en caso de violación, el violador debía pagar al padre de la mujer violada una cantidad de dinero, para compensar el daño causado a la familia. Esta es la lógica mercantil de la compensación al propietario por un destrozo de la mercancía de su propiedad. Quien ha provocado el destrozo, debe pagar una compensación al propietario (el padre) y debe quedarse con el objeto estropeado (la joven), ignorando los sentires y la experiencia de la mujer.

Este hecho no deja de ser curioso, si repasamos que en caso de adulterio, la mujer - nunca antes dotada de capacidades de libre albedrío, ni de capacidad de raciocinio propia ante la ley - de repente se convierte en un sujeto frío y calculador. Culpable al mismo tiempo de su pecado de carne y de incitar a ello a su pobre y desvalido compañero, con malas artes. En el Código Penal español de 1944 - ¡en pleno siglo XX! - todavía se describía el adulterio como el cometido por mujer casada y excusaba el homicidio en caso de descubrimiento del marido.

Imagen recogida de aquí.


La exaltación de la virginidad del cristianismo. Los autores del siglo IV y V insisten en la importancia de la virginidad como la única forma de integridad femenina. Solo la mujer que trasciende y rechaza su sexualidad es un recipiente virtuoso y moral. La virginidad reducía la culpabilidad de la mujer sobre el pecado original y corregía así los defectos innatos del cuerpo femenino. (El velo de las vírgenes u Orígenes y su Exhortación a las vírgenes de Tertuliano; Sobre la virginidad de Gregorio de Nisa; la virginidad perpetua de María de Jerónimo o El banquete de las vírgenes de Metodio)

Para el cristianismo hay dos tipos de mujeres y por tanto modelos de inspiración. La virginidad seguía el modelo de María, el bueno. Solo se salían de esa línea las que seguían la línea de Eva, la mujer malvada capaz de desobedecer las normas de Dios, por cuya osadía sufre toda la humanidad (ahí es ná!) 

Fuentes

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