25N. ¿Qué pasa con la violencia machista en el medio rural?

En un pueblo todo se sabe... ¿O no?

Este es el eslogan de una campaña de concienciación contra la violencia machista que hizo en 2020 la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR), alertando del silencio que suele acompañar a las víctimas en el medio rural: un 73% las mujeres afectadas en pueblos de menos de 2[0].000 habitantes no denuncia los malos tratos, según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer de 2015.


En 2020, el Estudio "Mujeres víctimas de violencia de género en el mundo rural", de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y realizado por FADEMUR en municipios de menos de 20.000 habitantes de Andalucía, Aragón, Castilla León, Castilla la Mancha, La Rioja, Galicia y Extremadura, arrojaba algunos datos significativos, que nos permiten hacernos una idea de lo que está pasando con la violencia machista en el medio rural: 

-  Un 61% de las mujeres encuestadas conocen algún caso.

- Las menores y las mayores son las más vulnerables al silencio: un 64% de lxs profesionales que las atienden han tratado a mujeres de 25 a 50 años, un 4,7% a mayores de 70 y un 3,7% a menores de 15. 

- Las mujeres que han denunciado lo han hecho después de haber permanecido muchos años en una relación de maltrato, una media de 20 años, soportando violencia psicológica (100% de los casos), física (78%), económica (56%), sexual (39%) y ambiental (34%).

- Se detectan deficiencias en los servicios que las atienden, entre los que destacan los horarios de atención muy limitados y la falta de personal especializado. Solo el 48% de lxs profesionalxs valora como fluida la coordinación entre los diferentes recursos, siendo esta nula con los servicios judiciales, las asociaciones y las entidades privadas de atención a las víctimas. 

 

Actos vandálicos contra placas y señales contra la violencia machista en los municipios castellano-manchegos de Tarazona de la Mancha, Miguelturra y Campo de Criptana

A día de hoy, las cifras siguen siendo alarmantes. Según ha denunciado FADEMUR en su último informe hecho público hoy mismo, más del 40% de los asesinatos machistas en el Estado español en lo que llevamos de 2021 han sido perpetrados en pueblos menores de 20.000 habitantes, exactamente 15 de los 37. Estos datos, cruzados con los datos poblacionales (7.122.107 de mujeres rurales frente a 17.073.098 urbanas), nos hablan de una situación grave: las mujeres rurales tienen más posibilidades de ser asesinadas por sus parejas o ex-parejas que las que viven en la ciudad. Se producen un 30% más de asesinatos tipificados en la ley como "violencia de género" en los municipios rurales. En particular, por cada millón de mujeres, son asesinadas 1,83 mujeres en municipios de menos de 20.000 habitantes, frente a 1,41 en los de más población. Es decir, para las mujeres, vivir en un medio rural es un factor de riesgo.

Entre las razones que explicarían esta mayor incidencia, FADEMUR pone el foco en el menor número de denuncias debido a los menores servicios de atención disponibles. Desgraciadamente, los asesinatos de estas mujeres dejan ver, de nuevo y del modo más cruento, la doble discriminación a la que se ven sometidas las mujeres rurales por razón de género y de territorio, y las graves consecuencias que les produce el olvido de las instituciones y la consiguiente exclusión de los derechos y servicios que sí disfruta la población urbana. Simplemente el hecho de poner la denuncia ya les supone más obstáculos: los kilómetros hasta el cuartel de la Guardia Civil más cercano. Pero también puede que los guardias conozcan y/o se relacionen con los agresores o su entorno. O que no tengan coche o dinero para gasolina o un servicio de transporte público. Supongo que también pesará lo suyo la posibilidad de convertirse en objeto de murmuración, en el chisme de la comunidad, el miedo a que las critiquen y las culpabilicen, lo que, en realidad, pasa en todos los entornos pero hay una diferencia fundamental: que en el pueblo todas las relaciones son cercanas y cotidianas y no hay posibilidad de huir de ellas y de establecer otras nuevas, con lo que, si hay hostilidad, puede resultar un aislamiento social asfixiante.   

En la campaña de este año, FADEMUR pone precisamente el foco en el papel del entorno, en la responsabilidad de todos los agentes sociales de la comunidad, y en la importancia de que esos agentes estén formados específicamente en género y violencias machistas. Pero la apelación va más allá y nos recuerda a todxs la responsabilidad que tenemos que asumir cuando nos encontramos en sospecha o conocimiento de un caso de maltrato, en lo importante que es el apoyo que pueda dar cada cual desde su lugar.


Mientras escribo, mientras lees, muchas mujeres en el medio rural, que conocemos y tenemos cerca, están muy solas guardando un secreto que en cualquier momento les explota. Me pregunto qué puedo hacer yo, cómo podríamos organizarnos las feministas, qué redes de apoyo y cuidados para las víctimas podríamos crear para no tener que depender de la Administración, para evitar que la falta de servicios públicos sea la causante de más asesinatos machistas en nuestro territorio. Tal vez un banco de casas de voluntarias donde se las podría alojar, a cambio del pago de unos gastos que podrían ser sufragados colectivamente... ¿Algo así? ¿Qué se os ocurre? ¿O qué proyectos tenéis ya en marcha al respecto? ¡Contadnos!

 

 



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