Danzas femeninas de la fertilidad.

La danza está asociada a la historia de la humanidad desde que el ser humano se separó de sus hermanos los simios, así lo confirma la arqueología. Danzar es uno de los códigos de comunicación usados para establecer un orden simbólico en su mundo, que como el lenguaje combina el sonido con el movimiento. No es anecdótico que l@s niñ@s bailen de forma espontánea y que la danza se practique hasta en las tribus más aisladas de nuestro planeta. 

Tribu indígena del Amazonas. Foto recogida de aquí

En este post nos vamos a acercar a las danzas primigenias femeninas de la fertilidad y para comprender su sentido original, sin desvirtuarlas con pensamientos de nuestro tiempo, tenemos que hacer el esfuerzo de despojar nuestra mente de dos juicios pode:
  • el concepto de baile como arte - espectáculo 
  • el de mujer danzante como objeto de deseo sexual.

Las danzas femeninas de fertilidad forman parte de todas las culturas antiguas, de ello existen bastantes testimonios, como esta escena reconocida en el mundo de la arqueología como el baile fálico.* 

Pinturas rupestres del abrigo de Cogull en Lleida.

Mucho se coincide entre los expertos, al interpretar esta pintura rupestre como un ritual-danza de fertilidad, pues las figuras así quieren indicarlo: la vaca y la cabra que aparecen en la escena parecen estar preñadas, varias mujeres se alinean con las manos enlazadas, vistiendo faldas largas y portando curiosos tocados o sombreros, el único hombre que forma parte de la escena, aparece visiblemente  dispuesto al encuentro sexual.

* Desde el punto de vista de la arqueología feminista, hay que hacer visible que esta pintura y su nombre son un claro ejemplo de la androginia en la mirada de aquellos que han construido la historia que llega hasta nosotras.  Curiosamente este único hombre de la escena invisibilizó a las 7 mujeres danzantes. Los ojos y el entendimiento de aquellos señores que descubrieron la existencia de esta pintura rupestre, obnubilados por la visión de un pene y su proyección en la escena decidieron nombrarla "El baile fálico". ...ejem, ejem... a este tipo de cuestiones se refiere Mª Ángeles Querol en su Introducción a la prehistoria cuando dice: 

Es necesario revisar el legado arqueológico desde una perspectiva más amplia, que contemple también la presencia femenina, sus maneras, sus figuras, para así poder reinterpretar la historia con mayor exactitud, ya que la explicación de la prehistoria hasta la fecha ha sido básicamente androcéntrica: el hombre es el protagonista, casi siempre absoluto, del análisis de nuestro origen. Aún hoy es frecuente encontrar imágenes sólo de hombres en exposiciones o recreaciones de la prehistoria: un hombre caza, otro hombre pinta en las rocas, otro hombre hace fuego, otros hombres luchan. Quizá se nos mostrará una mujer, siempre sentada, amamantando una criatura a la puerta de la cueva, como un ancestral ángel del hogar a la espera de su "esposo" cazador. Cuando visitemos las cuevas de Altamira, por ejemplo, nos dirán que fueron pintadas por un "Miguel Angel de la prehistoria. Ni siquiera se plantearán la posibilidad de que tales pinturas fueran realizadas por una "Artemisa de la prehistoria", lo cual, desde luego, podría ser perfectamente posible"

La importancia de ritualizar la fertilidad. Traer al mundo nuevas vidas humanas es una necesidad básica para garantizar la permanencia de la especie. Si tenemos en cuenta la hostilidad en la que vivían nuestr@s ancestr@s, resulta lógico que todo el ciclo de procreación, gestación, parto y lactancia fuesen de una importancia crucial en las comunidades. Sabiendo que todo este proceso depende en mayor medida de la mujer, es consecuente que fuesen las mujeres el centro de los ritos de fecundidad y que fuese su cuerpo objeto de culto y admiración como fuente reproductora y dadora de vida

Danza circular. Palaiakastor, Creta 1400-1100 a.C.

La danza era un elemento habitual en la antigua Grecia, que siendo una sociedad muy jerarquizada deja vestigios de danzas populares, ancestrales y rituales. Así, en lo que a mujeres de la Grecia clásica se refiere, encontramos que muchas siguen realizando ritos arcaicos de fertilidad, como las tesmoforias, o las ménades, que en honor de Dionisio bailaban de noche en las montañas, donde celebraban orgías y danzas extáticas.

Tesmoforias, imagen recogida de aquí

Las homólogas de estas fiestas paganas griegas en la antigua Roma, más patriarcalizadas que sus hermanas mayores, fueron las saturnales y las bacanales (fechas coincidentes con los solsticios). En ellas se permitía a las mujeres salir a las plazas y bosques y expresarse libremente. Sabemos incluso que en esas fechas se levantaba la prohibición de beber vino a las mujeres romanas, lo que en otro momento del año era motivo de sanción (Iñigo Jáuregui Ezquibela "la embriaguez de la mujer en la historia"

Las ancestrales fiestas femeninas para festejar solsticios, con su consiguiente despliegue de vitalidad y sensualidad fueron progresivamente criticadas por los moralistas de las épocas venideras (Santo Tomas o Leandro de Sevilla, por citar a alguno de ellos), hasta que fueron prohibidas por el Concilio de Zaragoza (año 380) donde "se prohíbe a las mujeres asistir a reuniones y juntarse entre ellas con otro fin que no sea el de la labor doméstica" 


Legislada y decretada la estancia en el ámbito doméstico y prohibida la danza que no fuera exclusivamente religiosa, las mujeres siguieron con sus antiguas prácticas en la clandestinidad, buscando la noche y el bosque, hechos que levantaban las sospechas de brujería.

Grabado en madera de 1882, de Edwin Austin Abbey. 
Imagen recogida de aquí



La danza del vientre era en el pasado una forma de ejercitar el útero para propiciar el placer propio, la ductilidad uterina y ayudar a tener mejores menstruaciones, mejores relaciones sexuales y mejores partos. Tanto las nativas hawaianas como las mujeres del norte de África y oriente medio practicaban esta danza y la enseñaban a sus hijas para mejorar su propia sexualidad, no para ofrecer un espectáculo sexual para hombres, que es en lo que se ha convertido en muchos lugares.

El traslado de la danza femenina al espacio de hombres es un claro ejemplo de la manera en que esta expresión se ha visto desprovista de su sentido original. Las danzas puramente sexuales han tenido como objetivo la celebración y el aumento de energía de la vitalidad sexual propia. Cuando esa danza se convierte en espectáculo pactado o pagado y se cambia de lugar, traiciona inevitablemente al espíritu que la alimenta.

En occidente las mujeres podemos bailar en los espacios públicos mezcladas con los hombres y  también podemos exhibir movimientos sensuales en los bailes. Sin embargo las danzas ancestrales femeninas con carácter festivo sexual son raras, una especie en grave peligro de extinción. En el mundo árabe, fuertemente patriarcal, se siguen respetando sin embargo danzas de gran expresividad sexual; eso sí, sólo dentro de un espacio privado y exclusivo de mujeres. Las ceremonias previas a las bodas, por ejemplo, reúnen a las mujeres en un lugar vetado a los hombres, donde bailan de manera desinhibida y libidinosa. 

Boda siria, imagen recogida de aquí

La Niaro-danza es un ritual de la tribu africana de Los Nubas, en el que un gran grupo de mujeres con los cuerpos ungidos en aceites y barro evolucionan bailando desnudas alrededor e una choza, dentro de la cual se encuentran los hombres sentados en posición de meditación. La danza consiste en una constante rotación de cadera y vientre, y tiene un marcado carácter sexual. 
Las mujeres Nuba, van saltando y girando sus cuerpos, y el propio círculo que forman, acercándose poco a poco a la choza, donde al fin las más decididas entran y eligen a un hombre montándose sobre sus hombros mientras siguen realizando los movimientos ya mencionados. Es necesario comprender que la sexualidad que se despliega en esta danza va mucho más allá de lo puramente físico (hay creencia espiritual en esta danza ritual) ya que los hombres consideran ser elegidos por las mujeres por como un acto que proporciona fuerza y valor a sus vidas. Así lo demuestran al salir de la choza soltando un grito guerrero de liberación.

Niaro danza, fotografía recogida de aquí

El ejemplo de esta cultura nos es muy útil par entender lo que sin duda era también parte esencial de nuestra propia cultura ancestral, tan diezmada que apenas podemos imaginarla como posible. Sin embargo, es lógico pensar que así fue hasta que las sucesivas culturas patriarcales (la romana, la visigoda, la feudal y la medieval) fueron, a lo largo de los siglos, reprimiendo y limitando las libertades básicas de las mujeres. Limitaciones que indudablemente pasaban por controlar su cuerpo y su sexualidad, así como el libre ejercicio de expresión corporal. Llegando a su máximo apogeo de represión en la edad media por los tribunales inquisitoriales, donde la danza entre mujeres era tachada directamente de brujería. Tras varios siglos de persecución cruenta, es fácil entender que el sometimiento y el miedo acabaron imponiéndose entre las mujeres, afectando profundamente en nuestra forma de mostrar libertad en los espacios públicos.


Fuentes:

El contenido completo de este post está sacado el "El corro de las niñas: un repaso al juego del corro desde sus orígenes como elemento de la cultura femenina" de Mari Cruz Garrido Pascual. Número 60 de la publicación periódica "Cuadernos inacabados" de la editorial horas y HORAS.

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