De la "brujería" a la masculinización de la práctica médica.

En el medievo, según los estamentos eclesiásticos, el mundo de las sensaciones era terreno del demonio. Los sentidos apartaban a las gentes de la fe arrastrándolos a la vanidad del intelecto o al vicio de la carne.

Los métodos utilizados por las curanderas-sanadoras-brujas - que formaban parte del saber-sentir de una casta de mujeres libres y sabias - representaba una amenaza enorme, tan grande como los resultados que aquellas obtenían con sus psicomagias y sus brebajes. Los servicios que de ellas salían para sus vecinos, las convertía en mujeres poderosas dentro de las poblaciones.
 
Las curanderas-sanadoras eran personas empíricas: confiaban más en sus sentidos que en la fe o en la doctrina; creían en la experimentación, en la relación entre causa y efecto. No tenían una actitud religiosa, si no activa e indagadora. Confiaban en su propia capacidad para encontrar formas de actuar sobre las enfermedades, los embarazos, los partos, ya fuera mediante medicamentos o con prácticas mágicas. En resumen: su "magia", era la ciencia de la época y esta estaba amparada en sus sabios sentires. Los poderes religiosos no podían sino ver la competencia en poder y admiración que estas mujeres generaban en el pueblo, por ello desde sus púlpitos hablaban de sus capacidades de sanación como malas artes inspiradas por el maligno.


Fragmento de Escena de brujería, de David Teniers, el joven. 1635
imagen recogida de aquí

Las sanadoras o curanderas a menudo eran las únicas personas que prestaban asistencia médica a la gente del pueblo que vivía bajo el yugo de la miseria y la enfermedad. La propia Iglesia contribuía muy poco a mitigar los sufrimientos del campesinado. 

Los domingos, después de misa, multitudes de enfermos se acercaban implorando socorro, pero sólo recibían estas palabras "has pecado y ahora sufres el castigo de Dios. Debes darle gracias, pues así disminuyen los tormentos que te esperan en la vida venidera. Sé paciente, sufre, muere" 
Jules Michelet Satanismo y magia

Ante la realidad de la miseria de los pobres, la Iglesia echaba mano del dogma según el cual todo lo que ocurre en este mundo es banal y pasajero. Pero también se aplicaba un doble rasero, pues la Iglesia nunca se atrevió a oponerse a que las clases altas recibieran atención médica. Nunca Jesús habló de clases sociales, ni de derechos adquiridos por nacimiento, pero a la casta sacerdotal siempre le gustó jugar en el bando de los poderosos, obviando todo lo que de misericordioso tiene la religión a la que representan.

Reyes y nobles tenían sus propios médicos de corte, que gracias a la mala prensa que la iglesia hacía de las mujeres curadoras, eran varones y a veces incluso sacerdotes, fue este caldo de cultivo el que propició el cambio de rol sexual de las practicas sanadoras.

Se consideraba aceptable que médicos varones atendieran a la clase dominante bajo los auspicios de la Iglesia, pero no, en cambio, la actividad de las mujeres sanadoras como parte de una subcultura campesina, acusadas de brujería, perseguidas y, en el peor de los casos, quemadas en la hoguera por "sus actos demoníacos". 

Sorginak en Agurain, leyendas vascas de brujas 
imagen recogida de aquí


La propia curación se leía por los tribunales de la inquisición como un hecho maligno. La distinción entre curaciones divinas y diabólicas no constituía ningún problema, pues evidentemente el Señor actuaría a través de los curas y médicos y no por mediación de mujeres campesinas sabedoras de las propiedades de las plantas entre las que vivían.

Estas mujeres sabias, acusadas de brujería, poseían multitud de remedios experimentados durante años y años de uso. Muchos de los preparados de hierbas curativas descubiertos por ellas continúan utilizándose en la farmacología moderna. Las curanderas disponían de analgésicos, digestivos, y tranquilizantes.

La curandera, dibujo de Landa
recogido de aquí

Con la recuperación de los saberes antiguos, las propiedades y usos de las plantas que se está haciendo en los últimos años, se ha demostrado que la erradicación de la práctica de la curandería bajo la acusación de brujería supuso un retroceso en materia de salud pública, sobre todo en todo lo relacionado con ginecología, parto y lactancia. 

Existen algunos ejemplos de uso de las plantas que hoy la ciencia testifica como válidos:
Estas supuestas brujas usaban el cornezuelo (ergotina) contra los dolores del parto, en una época en que la Iglesia aún los consideraba un castigo de Dios por el pecado original de Eva. Los principales preparados que han empleado en el s. XX para acelerar las contracciones y favorecer la recuperación después del parto son derivados del cornezuelo.
Las brujas sanadoras empleaban la belladona - aun utilizada como antiespasmódico en la actualidad - para inhibir las contracciones uterinas cuando existía riesgo de que se produjera un aborto espontáneo.

Para completar esta entrada dejamos un poco de música y un álbum de grabados y otras obras plásticas de representación de la brujería y la hechicería. Las representaciones gráficas nos hablan de los temas que colonizaban las mentes de las sociedades antiguas. Entre el siglo XV y el s. XVIII  las mujeres malignas que usaban los conocimientos que el demonio depositaba en ellas eran un tema recurrente entre los grabados y pinturas seglares. 

"La historia de la hechicería y de la brujería es la historia de la lucha de cientos de mujeres por alcanzar y ocupar espacios de poder y de saber reservados tradicionalmente a hombres."

Felipe Vidales





Fuentes:
- Cuadernos inacabados 1. Brujas, comadronas y enfermeras, historia de las sanadoras: política sexual de la enfermedad. 

Artículo financiado por el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha 2022.


Comentarios

  1. La mujer es y seguirá siendo fuente de conocimiento pues por naturaleza tiene la virtud de la inteligencia...

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    1. La inteligencia, la intuición y la astucia. Cuando todo está en contra, la inteligencia y otros dones se agudizan.

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